4to. DE PRIMARIA

Y ahora están calladitos, concentrados y un poco estresados creo yo, aunque dudo que sepan la definición de esta palabra. Se les ve estresaditos, así en miniatura, viviendo su estresito. Yo los observo desde la silla que me pusieron al frente para ser un “padre observador” durante las pruebas de ENLACE de la SEP, me invitaron y la encomienda es no hablar, no opinar, no ayudar, solo observar para que las pruebas sean lo más leales posible.

Cuando los profesores se presentaron hicieron el silencio y pusieron la atención ensayada. Se conocen desde hace casi un año, son de cuarto de primaria y tienen tal vez, 9 años, todos trabajan en absoluto silencio esperando a cada vez que el profesor grita ¡faltan 10 minutos!, y más tarde, ¡faltan 5 minutos!. Y con el conteo, se les va transformando la carita, apurados y callados.

Están en sintonía con la inocencia visible, la pureza, y en ocasiones, la maldad pequeña, apenas insinuada, sus miradillas parecen decir: sí copio, ¿se dará cuenta? Alza sus ojos hacia mí con su boca apretada, lo miro y su mirada huye, pretendiendo que al bajar la cabeza también dejaré de mirarlo, le sonrío y me ignora, tiene cosas más importantes en que pensar.

Van respondiendo sección por sección con el tiempo programado, algunos terminan a los diez minutos de iniciada la prueba, otros, muy pocos hay que decir, a la mitad del tiempo límite. Fue fácil, murmuran algunos. Y así, van resolviendo las páginas. La mayoría se agita cuando les anuncian que viene la sección de matemáticas. ¿Por qué las matemáticas los exasperan? ¿Alguien les compartió el miedo a? Algunos repiten en voz alta y con desánimo, !¿matemáticaasss?!

Finalizada la siguiente sección viene el recreo y lo saben, la tripa del hambre se mueve y anuncia a tiempo como reloj que es hora del snack, los niños A, B,C, D y E, miran el reloj cada vez que pueden, se giran de sus butacas para ir juntos al paso del segundero y cuánto más se acercan los minutos a la media hora, parece que la sensación que los invade les va quitando calma y dominio y se intentan contener unos a otros, diciéndose, ¡shit! O cuchicheando, ¡ya casi! Tienen hambre, están cansados, la concentración los ha dejando vencidos y necesitan salir a comer, no paran de preguntar a pesar de que lo ven: maestra, ¿qué horas son? Cómo sí pudieran cambiar el tiempo con la pregunta, con la ilusión de algún error en el reloj que están viendo.

Hermosos, limpios, y listos para ser convertidos. ¡Silencio! dice la maestra y ellos se callan. De pie, ordena la maestra y se paran. Vamos a salir en orden, apenas dice esto, empiezan a salirse con el orden de su propia perspectiva, donde todos piensan, yo primero. ¡Y lo logran! De alguna forma no intempestiva pero muy ruidosa, todos están afuera.

En el patio de recreo, toman un lugar como si lo hubieran reservado, nadie cambia ni toma el lugar de otro, cada congregación es de 2, 3 o hasta 10 personitas y luego cómo orquestados, abren loncheras, recipientes, jugos, yogurt. No se preguntan sí pueden tomar de lo del otro, a algunos les molesta, pero parecen olvidar fácilmente. Comen en todas las formas: mientras corren, mientras están sentados en las bancas, algunos de rodillas mientras juegan, otros mientras van a algún lugar donde lo observen todo, otros  mientras hablan o gritan, otros tantos, mientras están recostados sobre alguien más. Los que más llaman mi atención son los que comen de forma intermitente: dejan su lonche en un lugar, desaparecen jugando por un momento y vuelven por otro bocado y así hasta que terminan.

Todos en su momento de gloria, la frescura de las aguas, los jugos, las bebidas, etc. Sus caras también fueron un espectáculo al abrir la lonchera, a algunos la sorpresa los pone contentos, otros miran con desánimo y otros simplemente con indiferencia. Después viene la negociación o el intercambio  involuntario de sus alimentos. Todos lo viven como si lo hicieran todos los días.

Usan muy pocas palabras, solo las necesarias. Uno a lo lejos oye todo y no oye nada. Conversan a gritos sin que nadie se sienta agredido, construyen fuertes de tierra y luego sacan de sus bolsillos los juguetes que entraron de contrabando escondidos en la chamarra o en la bolsa del pantalón, los juguetes pequeños, cómplices, esperan pacientes e inmóviles a que la mano gigante entre a rescatarlo del bolsillo para empezar la aventura del día, el juguete renace y es nombrado cada día aventurero, a veces víctima, a veces victimario, héroe o villano, a veces solo testigo de los demás. El momento del juguete es crucial, puede ser intercambiado por otro, puede ser olvidado bajo los arbustos y nunca más encontrado o quedarse a vivir en la copa del árbol, ahí callado y discreto para que el propietario crea que se fue a a cumplir su mandato: al infinito y más allá…

¿Conoces los Ninjago? Me pregunta un niño mientras se acerca. Si, miento para seguir la conversación. ¿Sabes quién es Kai? Pregunta gustoso. No. Respondo tajante porque me doy cuenta de que no sé a donde va la plática. ¡Ah, entonces no te gustan tanto. Dice decepcionado y se va sin decir más.

Momento después se acerca otro niño y se para muy cerca. Lo miro, me sonríe, sonrío y me pregunta, ¿Por quién vas a votar para presidente de México? Mm… finjoque dudo y le contestó, por López Obrador… ¡Que bien! Yo también quiero que gane Obrador y para Jalisco le voy a Alfaro, ¿tú no? ¡Pero tu no puedes votar todavía! Le contesto. Ya sé, pero mira, tengo muchas pulseras de Alfaro. Dice y me muestra 3 en una mano y 1 en otra. Más niños se agregan a la plática para aclararnos que Alfaro no va a ganar, que Aristóteles va en primero en las encuestas. Además, dice el niño F, López obrador también está en segundo, Peña no gana, pero Cuadri ¡quién sabe!.

A mi me choca Cuadri con su pelillo, interrumpe la niña G, mis papás van a votar por el AMLO y ¿los tuyos? le preguntan a la niña H, y les contesta:  pues no me dicen, porque el voto es algo personal. Pues a mí, si me dicen, replica niña G. ¿Usted por quién va a votar?, ¿Vio lo que dijo el de Tlaquepaque?

Me sorprende que sepan quién va por cada municipio y cuáles son las posibilidades de cada uno. Luego hablan de Carlos Salinas y su relación Carlos Slim, del viejo PRI y lo que esto significa. Me dejan muda. En cuanto un juego llama su atención se retiran sin decir adiós.

Las señoras en miniatura debaten intensamente sobre la apariencia de las trencitas que hacen en la playa, usan palabras insignificantes con significados poderosos, lo suficientemente poderosos como para dejar sin palabras a las oyentes. Las trenzas, dice la sabionda, solo se ven bien cuando no te hacen trenzas y te dejan el pelo suelto y nomás te hacen una o dos o máximo, tres trenzas, pero debajo del pelo donde no se vea, o sea que se vea poquito y que le pongan una flor. Las oyentes se impresionan. Bueno, dice la sabionda otra vez, pero no dudando sino poniéndole humildad a su opinión, a mí me gusta más así. Todas sus oyentes lo entienden. Yo no. Estoy mal.

Y así, los cuentos transcurren sin finales, el patio de juego es una invasión en 2 colores; rojo y azul y hasta arriba las cabecitas rubias, castañas, rojizas y negras, todas moviéndose caóticamente sin chocar entre si. Más abajo, en el piso los desechos: pedazos de jamón, chorros de mayonesa, de cátsup, pedazos de pan, lechugas, papeles, bolsas, envases de jugo, etc. Los niños generan tanta basura como alegría. ¡Y el bote de basura está tan lejos! ¡Tres metros!, tres metros son el intercambio de muchos muchos gritos, de muchos segundos de juego, por eso más fácil dejar los residuos de la comida ahí cerquita a un ladito de la rodilla.

De pronto, suena la campana y cuando vuelvo la vista ¡pum! Ya no están, se fueron en sus salones, refrescados y llenos de vida.

Ante tales visiones ¿quién no se vencería? ¿Quién puede no verse disminuido ante la grandeza que viene en tamaño pequeño? Dejé mi ego tirado en el patio de recreo, junto con esa actitud de adulto de “yo puedo enseñarles todo” y tiré también mis prejuicios, para verlos desde lejos, me dispuse a dejarme llevar por los seres en miniatura y el encanto de sus palabras, y me pregunté ¿Quién fui a los 9? ¿Qué me gustaba tener o hacer? ¿Quién se acuerda? ¿Qué te hubiera gustado sentir? ¿Lo recuerdas? ¡qué fortuna!  porque entonces, puedes ofrecerlo a tus hijos.

Yo, observador invisible los veo, maravillada, asombrada y en una vez preocupada por el caos que tienen al moverse que no logré descifrar, lo miro todo, todo lo que hemos creado los adultos: ahí, ante mi, un reflejo exagerado sin inhibiciones de nosotros mismos, la pura interacción sin censura de sus emociones, todos nosotros: el mundo adulto, en miniatura…

Cecilia del Toro

Publicado por Cecilia del Toro

Escritora embrionaria. Disfruto de las palabras y a veces las pongo a prueba. Escribir es mi idioma. Y para quienes quisiéramos vivir mil vidas, la escritura es el remedio.

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