De la memoria persistente

La música es el vehículo perfecto. Me lleva a donde nada me lleva. Recordar es vivir. Me gusta escuchar música mientras viajo. De repente me veo en otro tiempo, con la vestimenta de aquella ocasión, recuerdo las palabras dichas, las escuchadas, las emociones provocadas, el olor, el color!
Ah, la nostalgia, ¿es nostalgia? sí significa que mi tiempo presente no es tan vasto como antes, entonces no, prefiero creer que soy un ser de muchos espacios y dimensiones.

¡Recuerdo tantas personas y cosas! Me siento agradecida por tales vivencias. A veces una canción recobro tantos recuerdos. Cuando empecé a madurar (no recuerdo la edad), en el momento en que sentí que empezaba a vivir, decidí escribir lo que sucedía  y sentía, porque me parecía importante. Temía olvidar mis pensamientos, mis emociones. Me contactaba conmigo para descubrir quién era, me entregaba a lo que escribía y era solo yo en esa de libreta que era solo para mi, algo así como un mundo semi real. Escribí todo, como quienes escriben en Facebook: comiendo sopitos. Esperando a alguien. Camino a… y así. Obviamente en mi caso, era solo yo quien lo leería y para cuando fuera adulta, no olvidara a esa niña y  verificar si es verdad que los sueños se cumplen

Hay canciones que significaron mucho para mí, a veces la letra tiene todo que ver, a veces, es la asociación de la canción a algún momento memorable. Miguel Ríos con Santa lucia, me gusta mucho. Me remonto a mil novecientos ochenta y (más o menos), cuando creía que esta canción tenía algo que ver con hermana Lucia, pero cuando vi a quien cantaba y no figuraba en mi lista de caras conocidas, me pregunté por qué sabría este hombre de mi hermana. Quise resolver el enigma por mi cuenta, pronto descubrí que había más personas fuera de mi entorno, con los mismos nombres. Un gran un descubrimiento a mi cortísima edad.

Era gracioso ver a los cantantes en la tele porque teníamos una muy grande, traía su propio mueble de tv incluido, lo que la dejaba a nivel de piso, perfecta para poder acercarse y sentirse dentro de la escena. Veía los programas donde salía aquella gran variedad de artistas ochenteros a cantar canciones que ahora veo y me causan risa, la ropa, los ademanes, el maquillaje, etc. Miguel Bosé y Amante Bandido ¡Tan guapo! Recuerdo sonreír en respuesta a su sonrisa, interactuando con la tele como si supiera que existo y volteando a dónde estaba mi papá para evitar que me viera coqueteando. También creía que si cantaba más fuerte me escucharía, ¡qué emoción!!  Aprendí la otra pronunciación de mi lenguaje y me parecía fascinante; coradzón, hacía énfasis en la s, siseaba todo, y me parecía perfecto. Aprendí a decir frases completas gracias a una canción. A expresarme con la letra de algunas: las escribía y las repasaba imitando los movimientos y ademanes del cantante, y a veces, hasta su voz.

Iván cantaba, Te quiero Tanto, ¿Quién era este? otro español en la re-invasión (ahora musical) y ¡bang! amor a primera vista, mientras cantaba con él, balanceándome  de un lado a otro, le daba el sí, cásate conmigo. La música fue, definitivamente mi primer amor.

Mis hermanos venían de la cuidad los fines de semana y ellos eran mi Mtv, personal, traían lo más novedoso en música y la información sobre los nuevos astros, quiénes eran, de dónde eran y qué calidad de música cantaban. Me gustaba verlos arreglarse por la tarde-noche para salir a la baqueta a escuchar música y al sonido de Billie Jean de Michael Jackson se iban juntando sus amigos y la plática se hacía larga. Yo me metía entre ellos para escucharlo todo. Me lo tomaba con seriedad y copiaba sus posturas. Ajustaba mi listado de nuevas palabras y su significado. Siempre disfruté de las carcajadas que a veces había. Eso era el futuro, esto de ser mayor pintaba bien, rodeada de amigos y de buen humor. Cuando las cosas se ponían serias, escuchaban con atención y hacían gestos. Yo también gesticulaba, imitaba sus expresiones, aunque lo único que supiera de cierto, es que estaba pasando algo. Era bueno suponer que no estaría sola, que a mi alrededor habría siempre con quién compartir mi vida.

Total Eclipse of the heart de Bonnie Tyler, sonaba y esta vocecilla ronca y forzada me daba la precisión del sentimiento: nostalgia. Mis hermanos se tenían que regresar a la ciudad no cercana a mi pueblo (a mi me parecía lejos aunque solo eran 30 o 40 minutos en carro), se iban a donde todo, la leche, el pan, el queso, se compraba empaquetado, la fruta y verdura no estaban en árbol, sino en tiendas y se pagaban según su peso. Durante la semana, iba a la escuela y esperaba con muchas ganas la repetición de estas visitas.

Ellos traían la abundancia en sus anécdotas, en sus ganas de vivir. Iba entendiendo que cuando grande sería un tanto Sergio, otro tanto Leo, otro Laura y otro tanto Yuyis. Los demás vivían en otro país.  El fin de semana era la reunión oficial, donde además de su visita, leían la cartas que llegaban desde el jueves al quiosco del pueblo y una señora leía en voz alta el destinatario para entregarle su correspondencia. Por la noche cuando la cena, la carta que escribió Lucía, o Lupe o ambas, se leían en voz alta mientras los demás escuchábamos y luego, platicábamos acerca de ellas, hasta de las faltas de ortografía en las cartas de Lupe, siempre tenían.

Al final del día nos íbamos a dormir con la música muy bajito, escuchando Carrie de Europe, Your Love de Outfield, Don’t dream its over de Crowded House, I want to know what love is de Foreigner, Oh! Sherry de Journey, y otras que estaban en el cassette. Al dormitar se iba regulando el volumen hasta que se apagaba totalmente en mi sueño  profundo y placentero,  siempre el  mismo aroma y siempre el mismo color de la noche para despertar a otro día con el buen humor de haber tenido una noche mágica.

Y así, llegué a mis 10 Años y estaba lista para la vida, en cualquier forma que ésta se me presentara, realmente me sentía preparada.
Y me dije, bueno, ahora que lo sé todo me voy a donde la vida, y me fui.

Cecilia del Toro

Publicado por Cecilia del Toro

Escritora embrionaria. Disfruto de las palabras y a veces las pongo a prueba. Escribir es mi idioma. Y para quienes quisiéramos vivir mil vidas, la escritura es el remedio.

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