Anoche me peleé con Nietzsche, ¡es tan grosero!, ¿Cómo se atreve a decir que mi personalidad es el producto de algo prefabricado? ¿Y que todo lo que me dicen lo consumo sin prudencia y me lo creo? Que me falta individualizar mi personalidad ¿cómo? ¿por qué?
El debate se volvió discusión, ¡y una grande!, de esas acaloradas, y más, porque cuestioné por su rencor a la fe y la religión. ¿Y tú, cómo puedes desahogar tus angustias? ¿Quién alienta tus ilusiones? ¿En quién puedes sentir un poco de ayuda cuando necesitas algo del corazón y no de la razón? ¿Puedes amar siquiera? ¿O qué? ¿Tú no tienes semejantes? si, ¡ya sé la respuesta!, no tienes, desde tu perspectiva todos nadamos por debajo
Me dijo barbaridades y parece que solo peleábamos a ganar. Pues bien, le dije, si te parezco rebelde, ¡encáralo! ¡tú me has parido, así que aguántalo!
En mitad de la discusión, se aparece el tío Fromm, y nada más para decirme que estaba escuchando la plática y no podía evitar aportar un comentario que me ayudaría a mostrarme un poco más humilde, que francamente, lo necesito. Dijo que lo que yo considero como auténtico y muy propio, no es más que el resultado de la manipulación de los hechos que he sufrido de forma consciente e inconsciente desde mi nacimiento hasta la fecha, que la libertad que siento, ni siquiera existe, que tendríamos que ahondar en los conceptos para que mi realidad fuera, ligeramente real…
¿Por qué son tan intensos estos adultos a mi alrededor? Y ni siquiera lo hubiera mencionado ¡la que se me armó! Me juzgaron por mi escaso conocimiento sobre el comportamiento humano, sobre los ideales y de la poca, qué digo poca, ¡ausente! madera de sabio que presumo ¡Hermanastros tenían que ser!
Sigmund el abuelo, se acerca, pensativo y arrogante, ya veo venir un comentario sobre la manifestación del ego, ¡nunca le he podido ganar una discusión!, tiene respuesta para todo. Mi problema es que yo sostengo que no todas las conductas tienen una raíz de tipo sexual, que las etapas sexuales que vivimos de niños no condicionan nuestro resultado final como adultos, lo reté, ¿Y sí el niño es formado en una cultura desxesualizada? ¿El resultado? El insiste que, no hay culturas desexualidas y no habrá cambios. A veces me cita cosas que tengo que pedir que me las repita, porque de pronto no hay estructura en mi cabeza para tal aceptación. Peleo con él de forma intermitente porque tengo que pensar muy bien sus planteamientos. En ocasiones, me tomo días para darle mi siguiente respuesta, que de antemano sé, sabrá hacerme callar.
Un tal Salvador Dalí, está en la sala con el abuelo Freud, y apenas me entero, me lo ha dicho el señor Kafka, amigo cercano de mi abuelo, que él lo asume como parte de la familia. Kafka es rebuscado al expresarse, dice más de lo que pronuncia. Es medio hermano del tío Fromm, y no se llevan muy bien, el medio tío Kafka tiene resentimientos con su padre, contrario al tío Fromm, que parece que creció en un ambiente menos hostil. ¡Bah! rivalidades por el padre. Bien, él me confesó y me hizo jurar que no lo diré, pero que Dalí es un adoptado en mi familia desde antaño, al parecer era un paciente de mi abuelo y su psique lo ha cautivado de tal manera que lo adoptó, ¡solo para poder observarlo de cerca..! ¡Cuánta arrogancia! Pensé, y ratifico mi acusación con solo observarlos desde lejos.
Mi padre sigue peleando conmigo en un salón aparte, discreto, hecho para este tipo de eventualidades, mi abuelo lo nombró, El salón de la introspección, ¡vaya nombre!, pero era de esperarse. ¿Te sientes algo así como un Dios?, ¿te crees capaz, solo porque posees muchas palabras rebuscadas, capaz y con derecho de enloquecerme? y no paras de decirme que solo me estas entrenando para esta mierda de vida, para que pueda mantenerme en ella con los pies de plomo. A veces pienso que no me amas, ni como a una hija al menos, es más, pienso que no eres capaz de amar a nadie, a ningún ser humano, porque ninguno sobrepasa ni siquiera un poco tus tan bajas expectativas de lo que debe ser un humano. Hablas mucho y parece que piensas más. No te importa el impacto de tus palabras en mí, ni en nadie. Yo, que me he gestado de ti, a veces te odio porque hablas y matas; matas todas mis conclusiones, todas mis aspiraciones, porque haces que nada sea un descubrimiento para mí. No me dejas explayar mi potencial, porque al parecer, ¡ya lo has pensado todo! Y no puedo crear nada nuevo, porque ya lo has hecho antes que yo, pero al mismo tiempo me lo exiges; dices que debo pensar más, que apenas si uso una porción pequeña de mi potencial. ¡Te odio tanto! ¡estúpido maestro de la sospecha! ¡Nihilista crónico!
Quizás por eso, el tío Franz y yo nos entendemos mejor, aunque también hemos peleado porque no acepta el hecho de que está resentido, demasiado, y absurdamente demasiado. Pero me gusta la forma en que platica porque con todo y sus bagajes suele ser más terrenal que tú.
Se supone que hoy vienen todos a cenar. Estaré rodeada de estos hombres, nerviosa porque seré juzgada y calificada. Y no tengo madre que me defienda. Tristemente a mi edad, todavía no sé quién es, es que vienen muy pocas mujeres a la biblioteca de la casa, algunas esperando quedarse a vivir, pero no las he tratado. No las he podido conocer a fondo. He escuchado de una señora un tanto empoderada de apellido Beauvoir, y que por lo que me han dicho los prólogos, pudiera ser la que me parió, pero tengo mis dudas, pues yo no hablo francés
Cecilia del Toro