Wallace Stevens
Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania. 2 de octubre de 1879) Estudió en la Universidad de Harvard, tres años concluyó sus estudios en la Escuela de Leyes de Nueva York. Ejerció la abogacía y formó parte de la Barra de Abogados de la misma ciudad.
Wallace pertenece al grupo de poetas que renovaron la poesía norteamericana del presente siglo. El reconocimiento a su poesía y genio fue tardío: empezó a publicar a la edad cuarenta y cuatro años. No siguió el camino de sus colegas que con su exilio voluntario llegaron a cultivar la leyenda de la generación perdida. Sintió el deseo de ir a París a estudiar algo relacionado con las humanidades. Pero su padre lo convenció para que ingresara en la escuela de leyes en su país.
Nunca participó activamente en la escena literaria de Norteamérica, ni tomó partido en las polémicas; fue en muchos sentidos la antípoda de Pound y Eliot. Stevens, el exitoso hombre de negocios, regresaba todas las noches a su casa para ensayar una concepción de la poesía difícil de imaginar en alguien tan apartado de las páginas de crítica de las revistas literarias o del mundo académico.
Sus poemas nacían de una tensión entre su imaginación y las posibilidades del lenguaje poético. Quiso lograr una radical despersonalización de la poesía, y para que la poesía misma pudiera encarnar en palabras se inventó una máscara: la máscara del estilo.
Su poesía puede también entenderse como el conflicto entre la experiencia intelectual y la experiencia sensible. Esto lo aproxima a la pintura en cuanto a la esfera de las formas, proceso en el que se anula toda referencia anecdótica. El sustrato filosófico de su pensamiento poético provocó muchos malentendidos. En una carta a un amigo, los reproches de ciertos críticos lo motivan a escribir: “Es muy extraño que muy pocos reseñistas se den cuenta que uno escribe poesía porque uno desea hacerlo. La mayoría piensa que uno escribe poesía para imitar a Mallarmé o para sumarse a esta o aquella escuela. Es muy posible tener una idea del mundo que provoca una necesidad que nada puede satisfacer salvo la poesía y esto nada tiene que ver con otros poetas o con ninguna otra cosa”.
Pocos poetas hay tan despojados de biografía como Wallace Stevens, quien solía decir que los hechos en la vida de un poeta son harto vulgares. Y es verdad que nada hubo de extraordinario en su vida. Fue tan radical la separación entre la actividad del poeta y el alto ejecutivo que un socio de Stevens al leer en el periódico el obituario de éste, se sorprendió que se mencionara la actividad literaria del viejo Wally.
Wallace recibió los prestigiosos premios Bollingen y Pulitzer.
Fuente: Material de lectura UNAM. Selección, nota introductoria y versión de Miguel Ángel Flores.