Segunda Feria Nacional del Libro de Escritoras Mexicanas
11-Sep-2021
Novela Seleccionada
Novela: El Tunel
Libros, blog y otras palabras como entremés.
11-Sep-2021
Novela Seleccionada
Novela: El Tunel
11-Jun-2021
Libro: Declaración patrimonial
Soy diversa
me expando en la sábana del viento
difícil juntar mis partes,
ser una sola figura cuando divagan mis ideas en un mar de letras
¿Y las contradicciones?
también son parte de mi forma.
La diversidad me fortalece
¿no es el aire un montón de partículas dispersas?
Aire soy y en aire me consumiré
Respírame de a poco
me asfixio en espacios con forma.
Cecilia del Toro
Dejó de contar los días
una raya en la pared seguida de otra, no es arte que valga la pena
En cada trago de cerveza, piensa
Entre una y otra
se va haciendo libre
Y guarda restos
y recoge envoltorios
y con cubre con ellos el conteo de otro preso
que en su arte
mataba la esperanza.
(Museo Manuel Felguérez en Zacatecas, México)

¿Soy una conquistada?
¡Soy una conquistada!
Mi ser no es uno, es dos
Uno es ellos, los que vinieron,
y el otro, nosotros los que estábamos aquí
Soy del aire
tengo alas bajo la piel
llevo plumas en la mente
Vuelo
vuelo alto pero vuelvo
A la tierra porque soy ella
Soy naturaleza, árbol y flor
Creo en el agua, en el fuego
Dónde nace la vida
Aquí dentro
¿Qué es la vida?
La nostalgia, la nostalgia nada más
¿Qué es la muerte?
La nostalgia perecida.
Lo que ellos cuentan
sus recuerdos, son mi existencia en el tiempo
son mi antepasado
son mis raíces con resistencia
Son mi semilla del sol
semilla de todo
¿No hay comida?
¿Y el hambre?
Entonces como luna, brío y promesa en cantos
Los nosotros olvidamos danzar para los dioses
ya no olemos la gracia
ya no vemos la armonía
No se puede ver lo que no siente
No se puede amar lo que no se sufre
No se puede respetar lo que no se conoce
Soy más nosotros, aunque no mi piel,
no mi cabello ni mi cuerpo
Sí mi voluntad
esencia de plumas
de aire y de hoguera
Soy pequeña porque soy de aquí
no puedo alejarme de mi tierra
Soy blanca por deformación, mexicana por convicción, alada por decisión
Una parte de mi canta, la otra reza
la que reza está rezagada
la que canta es contundente
enaltece mi alma de tierra y de viento.
Y aunque sea una conquistada, no lo soy
Conquistaron mi entorno
no mi alma, de plumas y de viento.
Ccy
El niño ha robado mi galleta
se acercó a la mesa en su disfraz inerme y con su cara de amigo,
¡me engatusó con su voz de crio!
¡Un amigo no roba a otro amigo un preciado bien!
Usted no sabe, señora, no había desayunado ¡era el último bocado!
y por salir tarde de la casa no le puedo conceder
Además de mi galleta, ¡los gritos señora!
su hijo no está listo para abrir un libro y desaparecer
No está listo para la biblioteca
hace tanto ruido como puede
viola mi silencio, el niño suyo
violenta mi paciencia y mi sensatez
Su niño, señora,
da saltos como grillo
da gritos como aullidos
ahoga mi carácter de mamá pues hijo mío no es,
y no puedo reprimirle su transgresión a mi derecho al silencio
Estamos en una sala, mi señora
hecha para la paz y los pensamientos
recoja su niño y váyase
a donde los gritos se confundan con el canto de los pájaros
a donde pueda seguir siendo niño
Si tuviera una hija le enseñaría a amarse y a respetarse tal como es. A descubrir las cosas del mundo con sus ojos de niña, pintarlo del color que más le guste. Le enseñaría que las niñas podemos caminar con zapatos de niño, salir a la calle con pantalón y corbatas, coger una pelota para patearla y correr más rápido que otros niños.
Si tuviera una hija le enseñaría que la figura femenina es bella con y sin curvas. Que a través de su mirada puede apreciar los autos de carreras. Que los pasos de niña también transitan por veredas peligrosas, que las manos de niña pueden realizar trabajos rudos, que la cara de niña también puede tener una expresión reflexiva y a veces dura. Si tuviera una hija, le enseñaría a jugar a los trompos, a las canicas y andar en bicicleta, a atrapar insectos para verlos de cerca. Le permitiría usar pantalones sin cinturón, la camisa de su papá y parecerse a él, medirse sus zapatos, andar en calzones por la casa, llevar el cabello corto, no bajar la tapa del baño y le permitiría que olvidara recoger su cuarto de vez en cuando.
Si hubiera tenido hijas les hablaría del poder del ser humano, de las capacidades creativas, intelectuales y físicas. Les promovería la ciencia, la pasión por la lectura, por las artes. Les hablaría de la niñez de su papá, de sus juegos de niño, de las reglas del béisbol, del Voleibol. Les regalaría un dinosaurio, un carrito de control remoto.
Si tuviera hijas no perforaría sus orejas sin preguntarles si quieren usar aretes, no compraría vestidos sin su consentimiento, no las obligaría a amar el rosa, no les compraría adornos para la cabeza. Si tuviera hijas las protegería de la propaganda de las cirugías plásticas, de la necesidad de aceptación a partir de la apariencia, de la manifestación sexual, de la elección de su compañero de vida. Si hubiera tenido hijas les haría observar que los niños son iguales, que también son víctimas, que son sensibles y vulnerables. Si tuviera hijas, les enseñaría que ser mujer es solo una etiqueta, sin diferencias en las capacidades ni habilidades, que las aptitudes se desarrollan indistintamente sean niños o niñas.
La realidad es que tuve hijos. Entonces les he enseñado a estar en paz en sus momentos de vulnerabilidad, a saber expresar sus sentimientos y no sentir vergüenza de las lágrimas. A reconocer cuando no pueden cargar algo pesado y deben pedir ayuda. Les hago saber que no son diferentes de las niñas, y estoy segura, puesto que soy una de esas mujeres que crecieron siendo niño y niña, que mis niños educarán a sus hijas como yo lo haría, si hubiera tenido niñas.
Cecilia del Toro
Insólito desvelo, corazón arrebatado, elevado y profanado
profanado por tus besos, tu nostalgia, tus caricias, tus deseos
He de ser la coma de tu día, el acento de tu amanecer,
el punto y coma del sentido del tu vida.
Soy la mariposa que aletea en tu morada
el pájaro que arriba en las hojas de tu piel
la montaña que miras con nostalgia
soy todo de ti
la conciencia de tus noches de dolor, de placer
el viento que no nos lleva,
el fuego
las cenizas
Soy la hojarasca esparcida
en el suelo de cualquier otoñal mañana
servil ave al canto de los ángeles
gato de la noche en luna llena
Soy los puntos suspensivos de tus miedos
la coma de tus pausas intranquilas
el punto final de tus pasiones
la letra capital de tu nombre
el alfabeto de tus palabras
y el tiempo de tu tiempo.
Soy la pausa en tus días de silencio
el silencio en tus días de sueño
tu sueño en tus horas de anhelo
soy tu evangelio, tu corona, tu discípula, tu verdugo, tu gloria, tu fracaso
Soy todo y soy nada
La verdad y la mentira
Soy un átomo, un núcleo
un verbo, un adjetivo.
Soy tu sábana de seda, tu cobija, tu conciencia, tu alegría, tu alegoría, tu ventana, tu promesa,
soy tan tú
que mi nombre se escribe con tus letras
Cecilia del Toro
La sorpresa en navidad ha sido tal que brincó de gusto y no ha parado de agradecer a Santa Claus el regalo. Ha puesto otra carta en el árbol de navidad. La carta tiene muchas veces escrita la palabra gracias. Muchos dibujos de colores. También dibujó la espada y el escudo.
Por la tarde repiten la rutina. La hora de salir al parque siempre es la misma. Darío no perdona que su mamá se tarde. Nunca se han retrasado para salir a la hora en que aún se siente caliente la tarde. A las cuatro. Espera encontrarse con los niños de siempre. Lleva sus juguetes. La espada de Zelda y el escudo que recibió de regalo en nochebuena.
— Vamos al parque, mamá, ya es hora. Mira el reloj ¿lo ves? —se encamina a la salida de la casa— ¿Me ayudas a llevar esto y esto?
Le entrega el escudo que pintó con marcadores de agua color negro y azul. Ha arruinado el regalo. Habrá que conseguirle otro después. El cartón abosrbió la tinta y perdió su perfecto acabado liso hinchándose de las orillas. Parece que Darío no lo ha notado. Qué más da. Los juguetes son para que los niños hagan lo que quieran con ellos. Lo que importa es el juego y la felicidad que les provoca. Conseguiremos otro.
En el parque Darío llora. Finalmente notó que su juguete ya no es perfectamente liso. Llora y quiere que su mamá lo repare. Llora mientras su mamá le explica que no puede hacer nada .
— Esperemos a que seque. Quizás se acomode solo. Ten calma por favor.
Nada. El niño no deja de llorar y con tal tristeza que la gente que pasa se detiene para darle sus condolencias.
Por fin se va tranquilizando. Una señora de apariencia amable y se acerca y se sienta en la banca de al lado. La acompañan dos niños. Uno parece mayor y el otro de la misma edad de Derío. La mujer le sonríe a la mamá. Esta le desea las buenas tardes. La señora no contesta. ¡Maleducada! En fin, que jueguen con Darío para que olvide su catastrófico suceso y que no conteste nada es lo de menos. Los hijos de la señora se alejan rumbo a los juegos del parque, el sube y baja y la resbaladilla. La señora abre un libro y se ausenta.
Darío persigue a los niños hasta los juegos para enseñarles sus juguetes nuevos. Parece que se han dado cuenta de las intenciones de Darío, pero lo ignoran. No es posible saber exactamente qué sucede viéndolos desde lejos.
La mamá trata de adivinar. Nada. No parece que quieran jugar con él. Qué mal. Darío quizá necesita un hermano. Como esos niños que se tienen uno al otro y pueden darse el lujo de ignorar a los demás. ¡Pobrecillo! ¡Qué groseros esos niños! ¡De tal palo tal astilla! La señora no contesta los saludos y sus hijos son iguales ¡No está bien! Se enoja. Se da cuenta que la señora no hace ni el intento de pedirles a sus hijos que jueguen con este niño que se nota a la distancia que se esfuerza y demasiado por compartir sus juguetes nuevos. Los mira, pero nada. Vuelve a desaparecer en su libro.
¡Ya estuvo! La mamá, pendiente de su pequeño y con tono de mandona le dice desde la banca.
— Oye, ¿tus hijos no quieren jugar verdad? ¿Así son cuando otros niños se les acercan?
Nada. La señora ni siquiera tiene la amabilidad de darle una mirada. Debe ser el libro más interesante jamás leído porque ni se inmuta. La mamá se levanta furiosa de la banca y se dirige hasta donde está Darío.
— Vámonos. Estos niños y su mamá son unos groseros. ¡Increíble!
Jamás se había topado con nadie que fuera tan descarado para ignorar y, menos, cuando se les demuestra una intención de relacionarse.
— Vámonos.
Darío no quiere irse y llora. La mamá intenta explicarle que deben alejarse por el mal comportamiento de los niños. La realidad es que sufre la pena de ver a su hijo ignorado e intentando sin éxito que lo integren a su juego. Negocian que buscarán niños al otro lado parque. Darío accede. Mientras se retiran, la mamá se da cuenta que la señora se levanta de la banca. Cierra su libro. Hace una señal con las manos a sus hijos para llamar su atención. Cuando estos la miran, empieza a comunicarse con ellos con el lenguaje a señas. Los hijos responden igual, a señas. Es evidente que les está anunciando que es la hora de retirarse.
La mamá se paraliza, mirándolos. La señora voltea hacía ella y le hace una señal de despedida, además, le regala una sonrisa. Sus dos hijos también se retiran diciendo adiós con las manos y sonriendo.
Cecilia del Toro.
¡Ah! caricias
Oleajes turbulentos
combate con suave movimiento del cuerpo
¡Ah! besos
la lengua arrebata la saliva
mi lengua come y saborea
gimo perdiendo la batalla
¡Ahí!
ahí justo donde la flor se somete
donde quieren nadar tus papilas
tu tacto
aglutina y deglute el dulce
el amargo
la pasión del otro, de sí mismo
¡Ah, sensaciones!
ojos cerrados que pueden ver
piel sofocada que respira
y respira mucho mejor
¡Auch! dolor
se transforma en placer,
irradia, mueve y conmueve
¡Hum, olor!
perfume masculino,
fuerte
hombre que sabe a dónde va y cómo llegar
¡Ah, ugh, profundo amor!
¿De dónde dijiste que venimos?
Explícame de qué estamos hechos
Dime de qué estas hecho tú
Deduzco ser tuya desde que nací
mi cuerpo es parte del tuyo
el tuyo para mí.
Piezas de ensamble
me completas.
Me hacías falta, no lo sabía.
Mmm, alrededor se vuelve silencioso
poco a poco desaparece
quedamos tú y yo
y la espiración exitada
Voy camino a la nada
en un suspiro moriré por un instante
voy renacer en otro
transito entre dimensiones
no siento miedo, quiero deambular así
voy y vengo
me elevo a las estrellas
el cielo baja a la cama
somos parte del universo, infinitos y extensos.
es perfecto
Dame más
no te separes de mí, piensa en mí
Vive en mí. Muere en mí.
Vamos, una vez más, mañana
duérmete cara a cara
tu respiración me mantiene en casa.
Mi casa, eres mi casa.
Tu pecho me acoge
soy un rompecabezas y me vuelves una
me vuelves a mí, a nosotros.
El sexo así es una es una apología
me pierdo en la onomatopeya
: te amo
Cecilia del Toro