Nada y las letras


Nada no debería de ser una palabra. Carece de llenado. No contiene ni dice nada. Supongo que tal palabra existe como un adeudo de quienes dan significados, de los responsables de dotar a cada combinación de letras un significado y uso, y por lo tanto, también a la palabra nada debió dársele uno. ¡Qué diantres!, cada palabra debiera ganarse su significado, su uso y su importancia de igual manera que el hombre trabaja para ganarse el pan, tomar y saborear el vino, que trabaja para ganarse los placeres.

Nada es una palabra deshabilitada y deshabitada, no tiene elementos ni capital necesario para proveer, ni existencia real aplicable a nada pues. Y, ¿Cómo es que el significado de las palabras se originó? ¿Quién lo ha creado?

Según los testimonios de las propias letras, ellas son tan antiguas como el mismo hombre, tan antiguas como el sonido y la primera intención vocal, aunque solo se tiene registro a partir de la creación de la gramática.

La gramática es compleja, caprichosa y misteriosa según las letras. Han visto aparecer de vez en cuando a palabras fantasmas, según dicen, se aparecen y asustan a las letras. Es un asunto complicado, pero simple, comentan, en ocasiones la mano creadora (a la que por cierto, las letras rinden culto), se equivoca durante la escritura y cuando se hace con pluma no queda más que tratar de eliminarla a rayones convirtiéndola así en una palabra fantasma.

El fantasma puede asustar a todas las palabras en la oración completa, es más, a el texto completo, las letras tienen miedo de esta palabra rayada pues es algo que no es claro, tiene malformaciones, saben que oculta letras detrás pero sin forma obvia visible, misteriosa, terrorífica, escalofriante, tanto que si pudieran huir, lo harían.

Las letras creen en la existencia de fantasmas porque también tienen alma. Constantemente se preguntan acerca de su existencia, de los porqués de su forma y significado: la “a” se sabe a sí misma una “o” con un límite vertical, es una “o” reprimida que no puede traspasar esa barrera impuesta por quién sabe qué deidad. La “P” es una letra con una amplia perspectiva pues puede darse el lujo de mirar a las demás letras desde cierta altura y tener el horizonte completo de todo el enunciado. La “M” tiene dudas existenciales, no sabe si en una “V” atrapada entre dos líneas verticales o solo una “V” que se autocontrola por dichos problemas, la “W” es una “M” haciéndose la muerta, patas arriba y quieta. La “d”, la “g”, la “q”,  son letras controladas por fuerzas sobrenaturales pues cambian de forma según el capricho de la ortografía, son como superhéroes que las demás letras desconocen, tienen una identidad cotidiana que cambia cuando entran en acción. También están las letras con serios trastornos bipolares; como  la “Ll”, “rr”, “gu”, o “qu”, que son dos contenidas en una.

Las vocales son minoría pero contienen el capital fonético, entonces son un grupo elitista, arrogante, presuntuoso y para colmo de las consonantes, imprescindible.
Las consonantes son el pueblo gobernado por las vocales, sin estás, no tendrían sentido,  ni formato legible o pronunciable.

La ortografía es la moral que dictamina lo correcto y lo incorrecto en la existencia de las letras cuando se juntan, aunque solo sea para componer onomatopeyas.

Las letras también sienten y dicen, cada una tiene sus habilidades, destrezas, carencias, insuficiencias y creencias propias. Y Cómo cualquier comunidad, organizan reuniones frecuentes en un templo llamado, El abecedario, dónde está prohibido faltar, son como un organismo codependiente, por eso son disciplinadas en su asistencia. En sus reuniones resuelven sus dudas sobre la gramática, hacen oración y decretos, practican el culto a la lingüística y le rezan a su máxima deidad, ´la santa ortografía´, para que desaparezca los fantasmas y para que, quien sea eso, esa o ese que les ha dado la forma, significado y la existencia, tenga el conocimiento y  la bondad necesarios para que al usarlas en las combinaciones y permutaciones infinitas, el resultado sea lo más cercano posible a ´la existencia eterna de la palabra creada´.

– Amén –  Responden en coro desde la A hasta la Z.

Cecilia del Toro

Arreglar el puto mundo

¿Cómo?

Si quizás las palabras pudieran ser semillas de conciencia y de justicia, si tan solo conciencia provocaran…

… Ver un niño llorando por dolor y no hacer nada es algo que no debería tolerase, cuando se tolera, es como ser un humano carente del alma, de compasión, de sentimientos, de todo. Un organismo sin emociones…

Me entristece un chingo las guerras y sus “motivos”,  Los gobiernos que las propician y los gobiernos que las permiten, los gobiernos que participan, (“participan”… ¡macabra palabra!) y los demás que nos quedamos como espectadores, los que ignoran lo que pasa, o peor, los que ignoran lo que pasa por voluntad. Y soy parte de esta raza perversa, soy un ser humano sin capacidad de compasión, ni voluntad de intervención

¡Me niego!, ¡me niego!, ¡tres veces me niego! Pero, ¿Qué hacer ante la brutalidad planeada, organizada, estructurada, economizada y comercializada?

Hay cosas en la vida que parecen imposibles de cambiar, pero solo porque se carece de los medios, de la información, del poder.  Según Bauman, tenemos vidas equivocadas: a los pobres les han robado la vida de comodidad, de abundancia. A los ricos les han robado la vida en paz y en libertad, a los crueles les han robado la vida de castigo, a las víctimas de  guerra les están robando la existencia y al niño que la padece le están robando la inocencia, la virtud, la dignidad, sus derechos, la esperanza, la tolerancia, el amor, la paz, la bondad y los sueños.

Estúpidos quienes sean estos que pueden faltar a la responsabilidad civil de defender la vida, mueran todos aquellos que presionan un botón haciendo explotar el misil, la bomba, el arma que se convierte en el ladrón de todo lo bueno… Cuando uno mira, no puede ignorar y si cierras lo ojos entonces lo ves en pesadillas, y si te haces el sordo lo imaginas y si te haces el loco, solo te engañas, pues no es posible ignorar el dolor, no puede haber paz en un corazón frio…  No debiera haber paz en un corazón indiferente… ¡Soldados de mierda!, ¿así que están salvando a unos aniquilando a otros?, máquinas asesinas que pueden desaparecer a sus iguales “por mandato” imbéciles hombres sin sin razón y sin sentimientos

Me preocupa. Me ocupa el lugar dónde lo que más amo, está creciendo, dónde lo que más amo piensa que la maldad es cosa solo de caricaturas donde seres perversos llegan de otro mundo y se enfrentan en batallas equilibradas en fuerza para ganar o perder y donde siempre el bien triunfa sobre el mal… siempre…

Me ocupa mis noches sin sueño la protección de lo que más amo, la protección de su fe en el hombre, en la justicia, en los derechos, en todo lo humano… quisiera poder proteger la vocecita que dicen: “te amo, mami, eres de lo maaás hermoso de mi vida”,  Proteger ese cuerpecito vencido por el sueño, vencido, confiado, dormido a lo ancho y largo de la cama, que sonríe mientras sueña a causa de alguna aventura. Esa cabecita que el cabello huele a shampoo de fresa loca o a restos de comida algunas veces, a sudor un tanto dulce en la nuca. Ese aliento con olor a chocolate o pasta con sabor a chicle,  ese olor  corporal de “reservado” para el baño de algunas otras. Quisiera proteger la manita que lanza del frisbee con dificultad, las piernitas que van en bici con llantas de apoyo, pero llevan la cabeza tan alto porque cree que va volando. Esa vocecita que grita sin reservas enloquecido por lo alto de su salto, lo fuerte de su caída. Que grita la felicidad del juguete nuevo, del logro nuevo, del aprendizaje nuevo. Quiero proteger la vocecita que argumenta la porción del postre doble, de la navidad anticipada, de las vitaminas innecesarias. La que solicita los cumpleaños de múltiples celebraciones y regalos. La vocecita necia a la comprobación de la resistencia de cuerpo, del cuerpo chiquito pretendiendo que puede usar calzado talla 7, del niño concentrado haciendo matemáticas, naturales, historia, de la vocecita que descubre el mundo entero en un parque y lo interpreta para todos, de la vocecita que tiene todas las respuestas y todas las preguntas… Necesito creer que puedo proteger a mis dos conciencias externas, parlantes y amorosas de este pinche y despiadado mundo, proteger su teorías de la maldad, donde lo más trágico que un ser humano le hace a otro es burlarse o darle un golpe, donde lo más lamentable es la muerte de un ser querido, y donde lo más triste en la vida, es un niño sin padres o sin hogar.

Lo demás que no existe para ellos,  la maldad y la destrucción planeada y la aniquilación de la vida por mero poder, es algo que nunca hubiera querido explicar, porque sé, que cuando pregunten ¿por qué la guerra? Será brutal decir: los hombres nacimos estúpidos y hacemos estupideces

Cecilia del Toro

Yo actué en algunas películas

El Cine

Algunas películas me marcaron. O aprendí algo o me hicieron recordar, o entender. Cuando me conmuevo (admito que me conmuevo fácilmente), me cuestiono sobre la importancia que le doy a las películas, y luego me justifico diciéndome, “no es del todo ficción porque alguien la escribió y seguramente usó experiencias propias o de alguien más, ya sean conocidos o lo leyó por ahí o lo imaginó,  así que, sí está en la mente de alguien, es real. Por lo tanto, la película es semi-real y con eso basta y pienso y me dejo conmover.

P.S. I love you,

La escena del beso con la toma desde el ángulo perfecto que hace que uno lo sienta en carne propia y sonrío. Si, me he sentido así. Cuando besé estaba situada bajo ese ángulo perfecto y me veía seguramente igual de enamorada y tierna, y podría apostar que la vida se detiene un poco, uno nace, crece, vive y se inmortaliza en ese momento

P.S. I Love you, trata de que el protagonista va a morir. Cuando te pones en los zapatos de la protagonista requieres de una pausa para pensar en ello: ”se va a morir”, no se va a ir de viaje. Se va a morir la persona que amas y que es parte de tu presente y que creías que también de tu futuro, se va a morir.  La forma en la que plantea la muerte, que por algún momento hasta se pudiera pensar que tuvo suerte, porque saber por anticipado cuándo vas a morir, te da la oportunidad de arreglar tus asuntos y dejar el mundo de la manera que te venga en gana. Me asaltó un cuestionamiento implícito, ¿por qué no lo hago ya?, ¿por qué necesitaría saber que tengo poco tiempo para empezar a vivir? ¿para amar? ¿por qué no solo vivo como si fuera a morirme pronto? Al diablo el cansancio que a veces nos obliga a permanecer inanimados, hostiles, indiferentes. Recuerdo que mientras la veía, no acepté la idea de perder a un ser querido, me dije: ¡claro! qué fácil!, es una peli, ¿y en la vida real? En la vida real, no hay conjeturas, ni conclusiones, ni ningún buen adiós, no.

La vida es un conjunto como de vidas diarias:  te levantas un día con cierto humor y lo vives, por la noche cuando muere ésta sub-vida, renaces en la mañana  y vives otra vez en otra actitud y así, hasta que según cada cual y según el acceso de su puerta sentimental, deje entrar algún pensamiento válido, lo suficientemente fuerte para decidir hacer de los días una continuación del anterior y mejor cada vez. Hay que tener bien puesto el corazón y las agallas para que no nos perturben estas sub-muertes diarias y seguir adelante con nuestra propia motivación. Amar, creer, crear, vivir con todo lo que implica. Total, ya estamos aquí.

Las tortugas pueden volar…

La vi en un camión cuando iba a otra ciudad a visitar a una hermana, su niño acababa de nacer. A mi derecha, estaba una señora con un bebé que tenía el labio leporino, venía a Guadalajara cada quince días para que atendieran a su nieto, y estaba en lista de espera para una operación. El bebé, como cualquier otro niño estaba fastidiado de lo largo del camino, la abuela también parecía cansada. Me pidió sostener al bebe mientras preparaba su biberón. Cuando lo tuve en mis brazos, lo observé su paladar, como que se hacía uno con las fosas nasales, algo raro. La señora le dio el biberón y supuse que estaba cansada de cargarlo, y no hice por regresárselo. La leche se le salía por la nariz si no se le alimentaba en la posición correcta, y mientras respiraba hacía un sonido extraño, un ronroneo muy fuerte y constante. Tenías una manguerillas que iban a su garganta, no recuerdo exactamente, porque lo más me atraía era su mirada. Tenía un brillo que recordaré siempre. Quise ver al ser humano y sus posibilidades, y confirmo, como cualquier otro niño tenía una mirada linda y clara, y para estar tan incómodo con su situación se veía bastante conforme.

El bebe se quedó dormido. La película me atrajo. Los protagonistas eran una niña con un bebé, su hermano con discapacidad y otro niño,  ninguno pasaban de 13 o 14 años. Era una película que describe las prácticas terroristas con las que se ha invadido el territorio Iraquí , y se supone o da a entender que llegará  el ejército a liberarlos y pondrá al oprimido pueblo en una condición más parecida a nosotros, los occidentales. En toda la película se muestra cómo los niño han sufrido la guerra y sus consecuencias: mutilaciones, quemaduras, ceguera, sordera, traumas, violaciones sexuales, (de aquí que la niña tenga un bebé), y más cosas terribles.

Uno de estos niños organizaba a los demás, al parecer huérfanos o abandonados, para trabajar sacando las minas (explosivos) y venderlas en un mercado (las mejor pagadas eran gringas) y con el dinero que recibían, trataban de subsistir (literalmente). Me tuvo en una constante preocupación por sus  “accidentes de trabajo”  y por la niña que en realidad no tenía idea de cómo seguir sobreviviendo con su bebe

Me hizo odiar, verdaderamente… odié a todos los adultos que salieron en la película, el sistema de gobierno de los países involucrados, y a los que, pudiendo hacer, no hacen nada. Lloré adentro. Miré mis tenis nuevos y me pregunté si debería de renunciar a todo lo que tenga implícito el capitalismo. La contradicción me asaltó,  me gusta mi vida, y mis tenis, pero pensando en esta película, ¿Qué podría hacer yo?

Lo primero que hice fue investigarla, supe que si la compraba, lo recaudado será para las victimas. El director es un activista y también leí que los niños no era actores, y que que la película es, es brutalmente real.

La pregunta (¿Qué puedo hacer yo?) no se ha ido. Vive de rehén en mi conciencia y da vueltas y vueltas, pero no trata de escapar. Me pincha cada que puede y peleo con ella casi todos los días, largas y inconclusas peleas. ¡Qué puedo hacer?

Miré al bebe que tenía en mis brazos. La señora finalmente me lo pidió, seguramente se dio cuenta de que ya me había cansado porque cambié de posición en más de una vez. Mi madre y ella no paraban de hablar. Mamá (muy típico de ella) le hizo muchas recomendaciones sobre cómo “curarlo” y sobre cómo convivir con ella misma al ser la abuela de un bebe especial.  Volví la mirada al niñito, vi esperanza. Dejamos de escucharlas juntos, él se puso a jugar con mi bolsa, sonrió y siempre sonrió. Me di cuenta: él es, lo que le dicen las miradas que es, lo que escucha que es.

La solución a la falta de amor en el mundo está en nosotros. Ama a tus hijos en nombre de todos aquellos que no han sido amados, protégelos incluso de ti, si es necesario.  Ayúdalos a creer que la vida es algo bueno, seguramente a la suma, así será.

Llegamos a León. Me guardé la pregunta, para no opacar la felicidad del nacimiento de un nuevo ser en la familia. El viaje concluyó. La pregunta no.

3 Idiots

La vimos una noche muy tarde mi esposo y yo. ¡Dura tanto! que a diferencia de otros días no hubo comentarios, observaciones, ni todo lo que generalmente hacemos cuando una película nos mueve. Había que trabajar al otro día. La mañana siguiente, en el desayuno vaciamos las conclusiones, y en resumen, está bien chingona, dijimos. Imagínate en qué se convierte tu vida cuando puedes influir en dos, solo dos personas, – Se puede decir entonces, que has trascendido – por hacer lo que te apasiona, seguir tu pasión. A mí me apasionan tantas cosas

La película es hindú y hace muchas propuestas sobre el compromiso, la existencia, quién eres en el fondo y quién serás al final de un ciclo. Una radiografía de lo que uno piensa durante la carrera y en una edad en la que se ratifica la personalidad. Muestra lo que sucede años después con los compañeros de la escuela, lo que uno imagina que pasará con ellos y que a veces sucede todo lo contrario. Lo que sucede cuando te los encuentras y te enteras lo que ha sido de sus vidas y te das cuenta de que todo cabe, que todo puede suceder, que, aunque un ave esté dotada de alas, no siempre vuela

Vino otra pregunta a mi lista: ¿Qué me apasiona a mí? Y las respuestas salieron correteadas como palomas de atrio. Me gusta la música, escribir, el cine,  la fotografía, las mariposas, la cocina, el vino, las manualidades, la decoración, la psicología, la filosofía.  Pero sobre todo cuando escribo, me siento bien, así que por ahora que voy a seguir escribiendo

Cecilia del Toro

Carta a mi Madre

La mujer de la que nací, se llama Raquel.

Raquel creció en La yerbabuena y cuando hablaba de ese lugar, también sonreía. Le gustaba contar sus recuerdos y aventuras con sus cuatro hermanos y su mamá.

Mi abuelo, murió cuando ella tenía más o menos unos treinta. A sus cincuenta, aún lo necesitaba. Parece que se llevaban muy bien. Cuenta que era muy paciente, que trabajaba mucho, y por eso casi no estaba en casa, pero lo estaba en otras formas, su autoridad y el respeto que les inculcó.

Mi abuelo, aunque no lo conocí, lo quise, mi mamá nos enseñó cómo. Cuando murió, ella lo sufrió mucho, contaba que lo veía en sueños y le decía que pronto vendría por ella, y mi mamá le pedía que el diera tiempo porque aún había niños que cuidar.

Me gustaba escucharla contar sus sueños; parecía que en ellos lo imposible podía suceder; una vez pudo hablar con su papá y contarle sus penas, pudo incluso, en otro sueño, hablar con Dios durante un paseo en una balsa por un rio muy caudaloso, contaba que el agua era muy clara y de un azul muy lindo. Dios, vestido de blanco, tenía la mirada apacible. Hablaron mucho sobre su vida y sus planes. Recuerdo que ese día se levantó muy contenta cómo si todos sus pendientes fueran a desaparecer, tal cómo se lo pidió al todo poderoso. También soñaba cosas graciosas e ilógicas y a otras veces, cosas que la asustaban mucho, como que algún hijo tuvo un accidente y resulta muy herido.

Sus sueños, ahora que lo pienso, parecían su escaparate de la vida diaria, la única hora del día en que podía ser quien quisiera, y hacer lo que antojara. Y es que, se entregó tanto a las responsabilidades de criar a los hijos, que se dejaba para el final. Esto lo comprendí hasta que fui mamá. Nunca la vi ni temerosa ni cansada por nosotros. No me imagino cuántas horas de sueño se pueden tener cuando eres madre de trece, y algunos se llevan apenas un año entre ellos, además el trabajo de casa, aunque a veces tenía quien ayudara, pero no era suficiente y menos cuando tenían que soportar la energía desbordada de tantos niños, muchas renunciaron.

Cada día era un adivinanza: quién se fractura hoy, quién se pelea, quién se enferma, quien se cae y etcétera. Recuerdo verla desde la cama antes de la hora de dormir, (siempre al final de todos), rezando, tenía muchas novenas por hacer; unas por un mejor matrimonio, otras por un mejor trabajo para alguien, otra para que nadie se accidentara o se enfermara y así, Me dormía viendo su silueta haciendo la señal de persignación y después mandando bendiciones figurando una cruz en cada dirección, volteándose hacía donde según ella, estaban cada uno de quienes le importaban, los de Tamazula, los de Guzmán, los del norte y finalmente, sobre las camas donde estábamos mis hermana y yo. Y sin importar la hora, ni el cansancio, era fiel a esta disciplina. Nunca la vi acostarse sin hacer oración. El murmullo y el sonido del choque los labios, siempre con un librito en mano, parada en la ventana para aprovechar la tenue luz de la calle. Algunas veces me quedé despierta para verla, me tranquilizaba, era como saber que ya estaba tomando cartas en el asunto para que en  mi vida mis deseos se cumplieran. Estaba en su enlace directo con el Dios de todo lo bueno y por lo tanto podía esperar un buen día siguiente.

Mi madre me dejó bien claro que en la vida que tenemos lo que escogemos. Siempre que le platicábamos de alguna anécdota nos escuchaba y ella tenía alguna similar, volvía a ser niña, o muchacha cuando le contábamos de algún novio. Nos decía que escogiéramos hombres buenos, que nos quisieran mucho, que fueran nobles. Cuando le preguntábamos porqué se había casado con mi papá, ponía una cara de reflexión y luego decía, que en aquellos tiempos no había oportunidad para conocerse, que no había posibilidad de ser novios, había que verse a escondidas y de forma rápida antes de que los descubrieran. El matrimonio muchas veces era la única forma de salir de un estilo de vida no deseado, ella quería estudiar y no pudo. Sí le preguntábamos que sí lo quería, sonreía y asentía con la cabeza.

Decía haberse casado de 15 y que me tuvo a mí a los 32 y a mi hermano menor a los 35. Pero, cuando aprendí a restar, hice mis cálculos. Soy mayor 5 años que mi hermano menor: ¿Cómo era posible que mi mamá solo envejeció 3 años? Y entonces este divertido hecho me hizo dudar de toda la cronología de la familia. Mi hermana mayor me lleva 19 años, si mi madre la hubiera tenido de 16, cuando yo nací ella tendría 35, pero no, no correspondía, nada tenía lógica, así que en algún momento nos pusimos a platicar entre hermanos, vimos que en cada acta de nacimiento las edades no correspondían. Un día nos aclaró: cuando íbamos al registro civil, según cómo me sentía, me ponía la edad, es que a veces ni me alcanzaba a arreglar bien…

Sí, era pretenciosa, cómo ella decía, y teniendo en casa tantas mujeres (10), crecimos con la vanidad como amiga.

Sali del pueblo a estudiar el bachillerato (ahí no había más que la secundaria), me iba sola y no recuerdo haber sentido angustia por esto, era mi bien aceptado destino tal como lo habían hecho mis hermanos mayores y para ella, una más por quien preocuparse, pero, así es la vida, los hijos se tienen que ir a buscar cosas mejores, decía. Justo en ese tiempo, mis papás también empezaron a estudiar, mi papá terminó su secundaria y ella la primaria. Competían por sacar las mejores calificaciones.

Yo regresaba cada fin de semana, y cuando mi mamá tenía dudas con alguna tarea, se me hacía chistoso que fuera yo quien le ayudara y no al revés. No lo niego, me hacía sentir importante y que me dejaran ayudarles era como la ratificación de mi habilidad intelectual. Aunque en esa etapa de mi vida no hay absolutamente nada que presumir respecto a mi desempeño académico. Tener un promedio mínimo era más bien una vergüenza para alguien que estaba en los primeros lugares de aprovechamiento. Cuando le decía a mi mamá que había reprobado algún examen, su reacción era calma:  Ay, mija, pues estudia más, pero a ver, ¿estás contenta?

Ahora que lo pienso, me doy cuenta que algunos padres toman el papel de guías y te dicen por dónde ir, qué hacer y qué no hacer, y otros, sencillamente se ofrecen como peldaños para que podamos explorar nuevos horizontes, el resultado entre uno y otro, es que, con los últimos, uno aprende a saber por sí solo qué camino escoger y afrontar las consecuencias de tal decisión, eso forma un carácter fuerte.

Mi madre no pudo ayudarme en las tareas, pero me dejó muy claro que, aunque no pudiera, me entendía bien, y que mi posición no era igual a la de ella, que yo sí tenía la oportunidad y podía convertirme en lo que quisiera.

Algunas veces si pudo ayudarme, se acercó y leyó con detenimiento el libro o los apuntes, cómo tratando de figurarse la respuesta, y me dijo, aquí dice esto, por lo tanto debe ser aquello. ¡Y sí lo era!, y otras veces sus conclusiones resultaban graciosas, y con mi risa, ella reía también. Si me hubieran dejado estudiar, se lamentaba porque era muy buena en las matemáticas, le gustaban mucho, ¡nadie me ganaba! – contó – me gustaba jugar a hacer sumas grandes sin usar papel – y le gustaba presumir – ¿ves? Soy bien lista! –decía con su típica actitud de manos en jarra. Ahora mismo me parece ver ese gesto de presunción y esa mirada llena de nostalgia.

No puedo evitar pensar, que yo, que todos nosotros sus hijos, éramos en cada vez la realización de sus propios sueños, esto a pesar de que quizás, ningún momento de éxito te lo dedicara mamá, aunque quizás nunca te dije gracias,

¿Qué tal si te lo digo ahora? Y si también te digo otras cosas, cómo que cuando fui mamá me di cuenta de este gran, gran significado, que tu talla como madre aún me queda grande, que cuando la primera vez que mis niños hablaron sentí la armonía en mis oídos, que cuando tuve mi primera gran preocupación, pensé en ti y en tu capacidad para poder ver las cosas con fe, que me hiciste un ser humano sensible, completo, y con muchas ganas de vivir, que has sido el peldaño más alto al que pude subir y que gracias a ti puedo ver muchos colores y el horizonte se ve inmenso. Sigues dándome vida, gracias mamá.

Y te dedico estas frases que siempre pienso cuando pienso en ti,

A RAQUEL:

Mi mamá es la única que puede decirle a un extraño cómo me llamo
Cuando tenía dos años, algunas veces fui Ana, otras María.
Ella podía hacer que al restar  35-32 el resultado fuera 5,
Y que cada hijo no supiera calcular su verdadera edad
Pues envejecer solo cada 6 años es su mayor habilidad .
Quizás eran las cremas que nunca usó, porque en cuanto compraba las regaló:
a mí, a mis hermanas, siempre hay alguien que necesita más que yo.
Para cosas extraordinarias solo la madre mía!
Sabe hacer caldo de pollo sin pollo y
Meter la carne de res en cada grano de frijol o hasta en una zanahoria, volverlo a cerrar y que nadie lo pueda notar
Ella puede aparecer y desaparecer las golosinas de la cocina
El queso, las tortillas y hasta las vitaminas.
¡Que nada te aqueje, que nada te apene, yo estoy aquí! Yo pediré por ti
 aunque a veces lo decía mientras dormía,
y es que ¡tanto que hacer! Que apenas oscurecía y los pies el descanso le pedían.
Mi madre no es ni ligeramente vieja, si no me crees,
pregúntale si
tiene la credencial de los 70…

Su vocabulario es muy amplio y complicado, para entenderla
Tienes que hacer de lado lo ordinario,
Si no has escuchado  “ten talento”  de mi madre, dudo mucho que comprendas los siguientes;
El  “muchacha sencilla” hace referencia a la falta de atributos de la susodicha
El “muchacha “hueleque” no es más que una forma fea de ofenderte
El “sangre pesada”, es más fácil de decir si estás enfadada, y muchos tantos otros que son del uso oficial de la torada…

Las nalgadas son cosa ausente en su estilo de crianza,
pero si metes la pata hablara con Dios y no tendrás esperanza,
Si la ves frente al espejo gestos te hará y no es grosera
solo alisa su cabellera aunque la lengua tenga de fuera.

Es inmune a los corucos, a los gatos, a los perros y los patos,
Mamá ¿te acuerdas cuándo te dije que los pollitos aparecieron?
Te mentí, los compramos al señor que nos dijiste era un ratero,
al que ordenaste que por nada nos acerquemos, ese mismo,
no fue fácil, fue difícil negarle tu florero.

Además en el intercambio nosotros tuvimos ventaja, tal como no enseñaste a negociar;
tu simple florero de porcelana a cambio de tres pollitos para engordar
¿Que ya no recuerdas ese florero? el que dijimos se perdió mientras estábamos en la escuela.
 Aquel que te gustaba tanto, que te regaló la comadre chela…

Ya no te enojes que te vas arrugar y tu no quieres eso, lo has de jurar
Que a pesar de tu cansancio y tu tanto trabajar, sigues guapa mi papá lo ha de notar.
Has estado triste últimamente, dices que no son problemas recientes
Que a veces te cansas de que la vida cueste, pero que más da, tienes a Dios para besarte la frente.

Siempre fuiste optimista y  hay que decir, de muy buena vista,
Así que, date cuenta mujer, eres grande e inmaculada,
porque has creado vida partiendo de la nada

Pienso que podrías llegar al cielo santo, así con tu manilla en la cintura,
como sabes exigir y decirle a San Pedro: ahora la puerta la cuido yo,
Dios habla conmigo como si fuera mi amigo y ultimadamente
la vida está en deuda conmigo,
porque ¡
tuve 13 vidas y aún puedo conmigo!

Feliz Día de la Madre!

Cecilia del Toro

MI sagrada familia

Anoche me peleé con Nietzsche, ¡es tan grosero!, ¿Cómo se atreve a decir que mi personalidad es el producto de algo prefabricado? ¿Y que todo lo que me dicen lo consumo sin prudencia y me lo creo? Que me falta individualizar mi personalidad ¿cómo? ¿por qué?

El debate se volvió discusión, ¡y una grande!, de esas acaloradas, y más, porque cuestioné por su rencor a la fe y la religión. ¿Y tú, cómo puedes desahogar tus angustias? ¿Quién alienta tus ilusiones? ¿En quién puedes sentir un poco de ayuda cuando necesitas algo del corazón y no de la razón? ¿Puedes amar siquiera? ¿O qué? ¿Tú no tienes semejantes? si, ¡ya sé la respuesta!, no tienes, desde tu perspectiva todos nadamos por debajo

Me dijo barbaridades y parece que solo peleábamos a ganar. Pues bien, le dije, si te parezco rebelde, ¡encáralo! ¡tú me has parido, así que aguántalo!

En mitad de la discusión, se aparece el tío Fromm, y nada más para decirme que estaba escuchando la plática y no podía evitar aportar un comentario que me ayudaría a  mostrarme un poco más humilde, que francamente, lo necesito. Dijo que lo que yo considero como  auténtico y muy propio, no es más que el resultado de la manipulación de los hechos que he sufrido de forma consciente e inconsciente desde mi nacimiento hasta la fecha, que la libertad que siento, ni siquiera existe, que tendríamos que ahondar en los conceptos para que mi realidad fuera, ligeramente real…

¿Por qué son tan intensos estos adultos a mi alrededor? Y ni siquiera lo hubiera mencionado ¡la que se me armó! Me juzgaron por mi escaso conocimiento sobre el comportamiento humano, sobre los ideales y de la poca, qué digo poca, ¡ausente! madera de sabio que presumo ¡Hermanastros tenían que ser!

Sigmund el abuelo, se acerca, pensativo y arrogante, ya veo venir un comentario sobre la manifestación del ego, ¡nunca le he podido ganar una discusión!, tiene respuesta para todo. Mi problema es que yo sostengo que no todas las conductas tienen una raíz de tipo sexual, que las etapas sexuales que vivimos de niños no condicionan nuestro resultado final como adultos, lo reté, ¿Y sí el niño es formado en una cultura desxesualizada? ¿El resultado? El insiste que, no hay culturas desexualidas y no habrá cambios. A veces me cita cosas que tengo que pedir que me las repita, porque de pronto no hay estructura en mi cabeza para tal aceptación. Peleo con él de forma intermitente porque tengo que pensar muy bien sus planteamientos. En ocasiones, me tomo días para darle mi siguiente respuesta, que de antemano sé, sabrá hacerme callar.

Un tal Salvador Dalí, está en la sala con el abuelo Freud, y apenas me entero, me lo ha dicho el señor Kafka, amigo cercano de mi abuelo, que él lo asume como parte de la familia. Kafka es rebuscado al expresarse, dice más de lo que pronuncia. Es medio hermano del tío Fromm, y no se llevan muy bien, el medio tío Kafka tiene resentimientos con su padre, contrario al tío Fromm, que parece que creció en un ambiente menos hostil. ¡Bah! rivalidades por el padre. Bien, él me confesó y me hizo jurar que no lo diré, pero que Dalí es un adoptado en mi familia desde antaño, al parecer era un paciente de mi abuelo y su psique lo ha cautivado de tal manera que lo adoptó, ¡solo para poder observarlo de cerca..!  ¡Cuánta arrogancia! Pensé, y ratifico mi acusación con solo observarlos desde lejos.

Mi padre sigue peleando conmigo en un salón aparte, discreto, hecho para este tipo de eventualidades, mi abuelo lo nombró, El salón de la introspección, ¡vaya nombre!, pero era de esperarse.  ¿Te sientes algo así como un Dios?,  ¿te crees capaz, solo porque posees muchas palabras rebuscadas, capaz y con derecho de enloquecerme? y no paras de decirme que solo me estas entrenando para esta mierda de vida, para que pueda mantenerme en ella con los pies de plomo.  A veces pienso que no me amas, ni como a una hija al menos, es más, pienso que no eres capaz de amar a nadie, a ningún ser humano, porque ninguno sobrepasa ni siquiera un poco tus tan bajas expectativas de lo que debe ser un humano. Hablas mucho y parece que piensas más. No te importa el impacto de tus palabras en mí, ni en nadie. Yo, que me he gestado de ti, a veces te odio porque hablas y matas; matas todas mis conclusiones, todas mis aspiraciones, porque haces que nada sea un descubrimiento para mí. No me dejas explayar mi potencial, porque al parecer, ¡ya lo has pensado todo! Y no puedo crear nada nuevo, porque ya lo has hecho antes que yo, pero al mismo tiempo me lo exiges; dices que debo pensar más, que apenas si uso una porción pequeña de mi potencial. ¡Te odio tanto! ¡estúpido maestro de la sospecha! ¡Nihilista crónico!

Quizás por eso, el tío Franz y yo nos entendemos mejor, aunque también hemos peleado porque no acepta el hecho de que está resentido, demasiado, y absurdamente demasiado. Pero me gusta la forma en que platica porque con todo y sus bagajes suele ser más terrenal que tú.

Se supone que hoy vienen todos a cenar. Estaré rodeada de estos hombres, nerviosa porque seré juzgada y calificada. Y no tengo madre que me defienda. Tristemente a mi edad, todavía no sé quién es, es que vienen muy pocas mujeres a la biblioteca de la casa, algunas esperando quedarse a vivir, pero no las he tratado. No las he podido conocer a fondo. He escuchado de una señora un tanto empoderada de apellido Beauvoir, y que por lo que me han dicho los prólogos, pudiera ser la que me parió, pero tengo mis dudas, pues yo no hablo francés

Cecilia del Toro

Salsa «7 chiles Nena»

En el mostrador, observo el vasito de plástico con una salsa roja que contiene al parecer, chile, jitomate y no sé qué más. La imagino sobre mi arrachera previamente marinada y con tortillas hechas a mano, de maíz puro porque en los ingredientes lo dice así.

La salsita que elegí no tiene etiqueta ni fecha de caducidad y no me gusta que no la tenga porque no llevo un registro de cuándo compré las cosas, ni adivino cuánto van a durar, lo puedo suponer, pero sería mejor que lo llevara en la etiqueta.

Delante de mí en la fila, está una viejita arregladita y pequeña, una señora señorita (por chiquita) con su cabello hechizo, su tinte improvisado es color arcoíris, aunque el verde resalta un poco más que los otros colores. Su carita es linda, su piel limpia y sus ojos grandes y bien abiertos con una mirada de presunción pues tienen muchos años y sigue de pie y bien derechita: erguida y orgullosa. Su mandilito amarillo a cuadros le hace un buen contraste con su cabello. Su boca llena de comisuras está pintada de un rojo intenso. Sonríe como lo haría cualquiera que es feliz.

Nenita, la nombran, pero no avanza, se tarda mucho y me desespera un poco, porque parece estar ahí solo para platicar con el tiempo, mira a donde no está la cajera, ni las verduras ni la carne, ni nada, mira a alguien a lo lejos que no viene. Yo me entretengo buscando la receta secreta de mi salsa de jitomate, giro y giro el vaso como si fuera a aparecer la información nutrimental o la fecha de caducidad

Minutos más tarde y Nenita aún no avanza.  Tengo prisa, así que le exijo que lo haga sin que se entere: ¿disculpe, va a pagar usted? porque creo que es su turno… desde hace un rato.

Nenita voltea, me sonríe y luego me ignora porque un señor se acerca y le dice algo, trae cargando con dificultad una caja de cartón y la pone junto a mis pies. Empieza a sacar más vasitos bien limpios y cerrados y los van acomodan delicadamente hasta formar una pirámide de salsas; unas rojas, otras más rojas, otras de tomate verde, y más. Se organizan dificultosamente: el señor se pone en cuclillas y le alcanza los vasitos a Nenita. El anciano apenas se puede agachar por los vasitos y ella se los recibe a media altura para seguir construyendo la pirámide. Me mira y me sonríe otra vez, apenas se da cuenta que he dicho algo y me responde ¿de jitomate?

Su vocecita trémula  me enternece y mi imaginación recrea la escena: me platica que ella los hace, los prepara en casa todas las mañanas, y entregan aquí y allá, más bien en las carnicerías. Trabajar los hace sentirse bien, los mantiene ocupados y además obtiene dinero para los gastos, el tinte de cabello y lo demás. Me cuenta que no son de esas parejas que de viejos se quedan en casa recostados quejándose de sus dolencias, ni hablando de lo bien que estaban cuando eran jóvenes, ni de la factura que se paga por ser mayores. Para ella, me reafirma: la vida es, hasta que se acaba.

Cuenta que están juntos de hace muchos, muchos años, y que siempre han hecho equipo, que él a veces se abandona, pero no mucho y mientras se rencuentra otra vez, y ella está ahí para ayudarle, y que sí, que ella también tiene estos momentos, pero siempre concluyen que es causa del cansancio,  solo físico y que acordaron desde hace mucho tiempo, que se darían ese tiempo para faltarse de vez en cuando.

Dice también, que alguna vez tuvieron un trabajo formal, ganaban muy poco, pero nunca les faltó, cuando se sabe trabajar, no hay carencias, y que disfrutaron su tiempo en pareja, por eso siguen juntos. Que la compañía es algo de que se valora poco en estos tiempos, que parece que la ansiedad nos carcome la paciencia de estar solo por estar, de la compañía deliberada y del placer de no hacer por hacer. Jorge ha sido un hombre fuerte, dice, porque tiene problemas con su espalda y aun así no se da por vencido, maneja, carga la mercancía y hace las compras puntualmente y además me ayuda a hacer las salsas. A veces las hace solo sí yo estoy enferma. A la memoria le brinca el recuerdo, ¡Cuando preparamos las salsas, ponemos músiquita y a veces hasta bailamos!

En eso, la voz de la cajera que me pide que pase a pagar me despierta . Nenita sigue construyendo con sus salsas, escucho a Jorge que le dice, aquí van más amor y ella contesta, ¿estás bien, Jorge?, ¿quieres que te ayuda a sacarlas? ¿Ya no te duele la espalda? Él niega con la cabeza y esboza una sonrisa discreta pero contundente.

Nenita me mira con sus ojos de vida y experiencia sabia, y me sonríe una vez más, supongo que le parezco simpática. Le regreso la sonrisa. Me pide la salsa que tengo en la mano para explicarme que es de 7 chiles, claramente lo puedes ver, agrega, y ninguna es muy picante, sí es para la carne, te sabrá buena. Eso sí, todas te gustarán, yo las hago para eso. Le agradezco la explicación con otra sonrisa. En realidad quisiera abrazarla e invitarla a mi casa.

Me retiro llevándome un olor suavecito, como a jabón y algún perfume tierno.

Pago a la cajera, tomo mi carne y mi salsa de “7 chiles NENA”, me subo al carro y camino a casa seguimos conversando Nenita y yo

Cecilia del Toro

El señor de la biblioteca

Hace muchos años, mientras las materias y los eventos sociales ocurrían en el el Cbtis No. 70, fui a donde la biblioteca por algún libro, el Señor bibliotecario se acercó para atenderme, con una sonrisa amable me preguntó, ¿en que te puedo ayudar, güerita? Le pedí lo que necesitaba y me fui. Cuando regresé el libro hubo una conversación, preguntó de dónde soy y en qué especialidad estoy, cómo me llamo y cuántos años tengo y aprovechó para disipar mis dudas acerca de todo lo que parecía nuevo para mí. El Señor de la biblioteca parecía disfrutar su trabajo, se veía, para ser un hombre mayor desde mi perspectiva, fresco como cualquiera de nosotros, los adolescentes del bachillerato, llenos de hambre por las cosas que dicen que dan independencia y por las que dicen que otorgan madurez.

Jimmy parecía un padre sin serlo, me imagino que pudo adquirir experiencia en ese campo después de tantos y tantos años platicando con gentecillas como yo, daba confianza aunque a veces pareciera que solo entrevistara en lugar de conversar. Con el tiempo, se fue convirtiendo en parte de los días en la escuela, la biblioteca era de Jimmy; sabía exactamente dónde estaba cada libro, y no es que había pocos, también sabía a qué materia correspondía el libro que uno le pedía, en qué semestre se impartía tal materia, para cuál especialidad y etc. Él era en sí mismo, toda la biblioteca.

Mi grupo de amigos, uno de ellos en especial, era más cercano al señor de la biblioteca, lo pudimos conocer más porque lo invitó algunas veces a nuestras reuniones. Tenía buen sentido del humor y recuerdo que le gustaba dar consejos sobre situaciones de la vida, aunque honestamente, no entendía muy bien su visión de las cosas. Para mí era como un horizonte lejano lo que hablaba,  pues según recuerdo, tenía por lo menos el doble de edad que nosotros, además, me parecía que se tomaba las cosas muy en serio. Era buena persona,  de esas que parece que se les da todo, tenía su trabajo, su casa, amigos. Pero creo, si mal no recuerdo, que solo le faltó una pareja, alguien que cómo dice mi hermana, fuera testigo de su vida. Hasta donde lo dejé de ver, no hubo nadie, espero que después haya aparecido.

Nunca, nunca habló, por lo menos no conmigo de su estado emocional, parecía una persona con un acuerdo hecho con la vida y su futuro.

Recuerdo vagamente su risa grandota, la carcajada sincera y a veces estridente de un hombre que sabe de chistes que son difíciles de digerir en un adolescente.

Al muy poco tiempo dejó de ser el Señor de la biblioteca para ser solo Jimmy, uno llegaba y lo llamaba así. Él siempre me decía, ¿Cómo estás hoy güerita?, y se acercaba para iniciar conversación.

Supo guardar muy bien los secretos, sabía que la biblioteca era un espacio para escabullirse de las clases sin que ningún prefecto llegara a hacernos regresar al salón. Desde donde nos observaban, evidentemente estábamos investigando para alguna tarea. Y con los libros abiertos no les quedaba duda. Esta investigación debió merecer la calificación de un semestre entero pues se nos iba el día  haciéndonos la pinta. Jimmy, discreto, iba y venía para platicar y al mismo tiempo atender a su clientela.

A veces se podía pasar también la tarde entera a la biblioteca, la plática era amena, aconsejaba sin pedírselo, daba tips para estudiar, siempre tenía ganas de escuchar las anécdotas y contar otras, y se esforzaba por una moraleja, asumiendo el compromiso de educar al alumnado: a este maestro le gusta el trabajo así, a este otro le puede molestar esto, no hagas eso en su clase, te va a ir mejor si escribes aquello, le gusta que le traigan las tareas así, y etc.

Pasó el tiempo, nos graduamos y nos fuimos. Me imagino que continuó igual en los años siguientes, con cada nueva generación de chiquillos que se presentan en la biblioteca para solicitar a Jimmy un libro. No supe más de él.

Hace unos meses, algunos nos reencontramos en Facebook, alguien sugirió que contactáramos a Jimmy porque necesitaba amigos en ese momento. Lo buscamos obviando que existía entre la comunidad virtual de Face, pero no pudimos dar con él y seguimos con nuestra vida.

Para Jimmy, la vida terminó ayer.. y cuando supe de la noticia me quedé sin tiempo, sin pensamiento, sin palabras, ni ideas para inventar algunas.
Ahora solo puedo recordarlo en pequeños fragmentos de mi vida.

Jimmy; lo único que me se ocurre es invitarte a vivir aquí, en estos puntos suspensivos…

DEP.

Cecilia del Toro

De la memoria persistente

La música es el vehículo perfecto. Me lleva a donde nada me lleva. Recordar es vivir. Me gusta escuchar música mientras viajo. De repente me veo en otro tiempo, con la vestimenta de aquella ocasión, recuerdo las palabras dichas, las escuchadas, las emociones provocadas, el olor, el color!
Ah, la nostalgia, ¿es nostalgia? sí significa que mi tiempo presente no es tan vasto como antes, entonces no, prefiero creer que soy un ser de muchos espacios y dimensiones.

¡Recuerdo tantas personas y cosas! Me siento agradecida por tales vivencias. A veces una canción recobro tantos recuerdos. Cuando empecé a madurar (no recuerdo la edad), en el momento en que sentí que empezaba a vivir, decidí escribir lo que sucedía  y sentía, porque me parecía importante. Temía olvidar mis pensamientos, mis emociones. Me contactaba conmigo para descubrir quién era, me entregaba a lo que escribía y era solo yo en esa de libreta que era solo para mi, algo así como un mundo semi real. Escribí todo, como quienes escriben en Facebook: comiendo sopitos. Esperando a alguien. Camino a… y así. Obviamente en mi caso, era solo yo quien lo leería y para cuando fuera adulta, no olvidara a esa niña y  verificar si es verdad que los sueños se cumplen

Hay canciones que significaron mucho para mí, a veces la letra tiene todo que ver, a veces, es la asociación de la canción a algún momento memorable. Miguel Ríos con Santa lucia, me gusta mucho. Me remonto a mil novecientos ochenta y (más o menos), cuando creía que esta canción tenía algo que ver con hermana Lucia, pero cuando vi a quien cantaba y no figuraba en mi lista de caras conocidas, me pregunté por qué sabría este hombre de mi hermana. Quise resolver el enigma por mi cuenta, pronto descubrí que había más personas fuera de mi entorno, con los mismos nombres. Un gran un descubrimiento a mi cortísima edad.

Era gracioso ver a los cantantes en la tele porque teníamos una muy grande, traía su propio mueble de tv incluido, lo que la dejaba a nivel de piso, perfecta para poder acercarse y sentirse dentro de la escena. Veía los programas donde salía aquella gran variedad de artistas ochenteros a cantar canciones que ahora veo y me causan risa, la ropa, los ademanes, el maquillaje, etc. Miguel Bosé y Amante Bandido ¡Tan guapo! Recuerdo sonreír en respuesta a su sonrisa, interactuando con la tele como si supiera que existo y volteando a dónde estaba mi papá para evitar que me viera coqueteando. También creía que si cantaba más fuerte me escucharía, ¡qué emoción!!  Aprendí la otra pronunciación de mi lenguaje y me parecía fascinante; coradzón, hacía énfasis en la s, siseaba todo, y me parecía perfecto. Aprendí a decir frases completas gracias a una canción. A expresarme con la letra de algunas: las escribía y las repasaba imitando los movimientos y ademanes del cantante, y a veces, hasta su voz.

Iván cantaba, Te quiero Tanto, ¿Quién era este? otro español en la re-invasión (ahora musical) y ¡bang! amor a primera vista, mientras cantaba con él, balanceándome  de un lado a otro, le daba el sí, cásate conmigo. La música fue, definitivamente mi primer amor.

Mis hermanos venían de la cuidad los fines de semana y ellos eran mi Mtv, personal, traían lo más novedoso en música y la información sobre los nuevos astros, quiénes eran, de dónde eran y qué calidad de música cantaban. Me gustaba verlos arreglarse por la tarde-noche para salir a la baqueta a escuchar música y al sonido de Billie Jean de Michael Jackson se iban juntando sus amigos y la plática se hacía larga. Yo me metía entre ellos para escucharlo todo. Me lo tomaba con seriedad y copiaba sus posturas. Ajustaba mi listado de nuevas palabras y su significado. Siempre disfruté de las carcajadas que a veces había. Eso era el futuro, esto de ser mayor pintaba bien, rodeada de amigos y de buen humor. Cuando las cosas se ponían serias, escuchaban con atención y hacían gestos. Yo también gesticulaba, imitaba sus expresiones, aunque lo único que supiera de cierto, es que estaba pasando algo. Era bueno suponer que no estaría sola, que a mi alrededor habría siempre con quién compartir mi vida.

Total Eclipse of the heart de Bonnie Tyler, sonaba y esta vocecilla ronca y forzada me daba la precisión del sentimiento: nostalgia. Mis hermanos se tenían que regresar a la ciudad no cercana a mi pueblo (a mi me parecía lejos aunque solo eran 30 o 40 minutos en carro), se iban a donde todo, la leche, el pan, el queso, se compraba empaquetado, la fruta y verdura no estaban en árbol, sino en tiendas y se pagaban según su peso. Durante la semana, iba a la escuela y esperaba con muchas ganas la repetición de estas visitas.

Ellos traían la abundancia en sus anécdotas, en sus ganas de vivir. Iba entendiendo que cuando grande sería un tanto Sergio, otro tanto Leo, otro Laura y otro tanto Yuyis. Los demás vivían en otro país.  El fin de semana era la reunión oficial, donde además de su visita, leían la cartas que llegaban desde el jueves al quiosco del pueblo y una señora leía en voz alta el destinatario para entregarle su correspondencia. Por la noche cuando la cena, la carta que escribió Lucía, o Lupe o ambas, se leían en voz alta mientras los demás escuchábamos y luego, platicábamos acerca de ellas, hasta de las faltas de ortografía en las cartas de Lupe, siempre tenían.

Al final del día nos íbamos a dormir con la música muy bajito, escuchando Carrie de Europe, Your Love de Outfield, Don’t dream its over de Crowded House, I want to know what love is de Foreigner, Oh! Sherry de Journey, y otras que estaban en el cassette. Al dormitar se iba regulando el volumen hasta que se apagaba totalmente en mi sueño  profundo y placentero,  siempre el  mismo aroma y siempre el mismo color de la noche para despertar a otro día con el buen humor de haber tenido una noche mágica.

Y así, llegué a mis 10 Años y estaba lista para la vida, en cualquier forma que ésta se me presentara, realmente me sentía preparada.
Y me dije, bueno, ahora que lo sé todo me voy a donde la vida, y me fui.

Cecilia del Toro

¡Y que me digan Bruja!

Autonombrarme bruja no es una ofensa, al contrario, me divierte y en cierta forma hasta me gusta. La bruja  piensa, decreta, se rebela, es egoísta, reconoce lo que está mal. Es más bien, una mujer autosuficiente. Lo único malo es, que a pesar de tenerlo todo, insiste en eliminar a la joven y bella princesa (Diciéndolo desde el lenguaje de la bruja: estúpida princesa).  ¿Qué ganaba con eliminarla ? ¿Qué podría desear de ella? No lo entiendo, la bruja vivía sola, tomaba decisiones por su cuenta, se pagaba sus gastos, podía salir a comer a donde quisiera, podía dormir con quien quisiera, ¡podía hacer todo!  ¿Por qué demonios gastaba tanto tiempo haciendo pociones extrañas, en lugar de ocuparse de la ciencia, la investigación o irse a recorrer el mundo?
Quizás viajando hubiese conocido muchas otras mujeres con el mismo interés, con las mismas ideas. Solo de imaginarlo me divierte mucho

— Hola, Qué nariz tan grande tienes ¿Dónde la conseguiste?
— Me hice una poción buenísima
— Compártela por favor, que mi nariz es tan pequeña, que parezco una de esas tontas princesas
— ¡Ay, ni lo menciones!, así estaba yo, ¡tan joven y con piel tan tersa que daba asco! Y mira que con esto, se me ha quitado
— ¡Qué padre! y, ¿en qué trabajas?
— Por ahora estoy desarrollado una nueva estrategia para matarla, esta vez no habrá besos de príncipes ni magia que la cure, ¡acabaré con ella!
— ¡Pues qué gusto haberte conocido!, ¡tenemos mucho de qué hablar!
— ¡Sí a mi también me da gusto! Mientras caminamos por la quinta avenida te voy platicando, se de un mercado donde hay unas manzanas que muy pocas podrían resistir..!

¿Por qué en los cuentos la bruja buscaba eliminar a la princesa y a su vez esta siempre caía en la misma trampa? ¿Qué nos estaban queriendo enseñar?

Pensándolo un poco, la bruja siempre lucía vieja o por lo menos mucho mayor que las princesas, ¿será que desde niñas intentaban decirnos que la madurez era fea, malintencionada y nostálgica?, ¿Que estaba llena de enfermedades, de insatisfacción?,  ¿Que la vejez significa la decadencia de nuestra propia percepción?

O quizá, se personificaba en cada una de estas brujas a la moral de la sociedad, donde la bruja era como un gran ojo de la comunidad que discrimina y desaprueba la coquetería y la sexualidad de la mujer (lease, princesa) y de esta manera, trataban de evitar su satisfacción carnal? ¡que interesante!,  digo, ¿por qué no había brujos? Es decir, nunca era un hombre el principe vulnerable, no era el príncipe al que victimaban, al contrario, el príncipe lo era todo, la pieza clave para romper el hechizo, el Dios creador de la nueva vida de la princesa, el encargado de darle dirección a su vida, el héroe y todo lo lograba con tan solo ¡un besito!

Lo curioso es que, aún en nuestro tiempo, estos cuentos siguen siendo un éxito. Obviamente no hay mentecilla pequeña, quiero decir, las niñas de tres a siete años, que se molesten por estos cuentos. No conozco ninguna que se enojara con el autor por la osadía de hacernos ver tan vulnerables, tan incapaces, o peor, tan disponibles a cualquiera.

Esto de la bruja es una cosa curiosa, existe en todos los cuentos, y también existe la princesa y el príncipe que la rescata. Quizás también estos cuentos no eran más que asociaciones de la vida diaria: algunos días uno se convierte en bruja, otros necesita ser la princesa rescatada, otros, te toca realizar el rescate y otros simplemente eres el que narra. Y desde la misma analogía, pudieran también querer decirnos algo sobre la perspectiva en la que ponemos nuestros errores o faltas: “cuando alguien te lo ofrece”, “cuando algo no te permite” o “cuando alguien te limita”….

Cuando se tiene la edad en la que alcanzar el apagador de la luz es el logro más importante del día, no se hacen conjeturas acerca del mensaje de los cuentos, solo aprendes básicamente las lecciones de supervivencia: 1. No recibir manzanas de otras personas, mucho menos sí éstas personas son feas y tienen una nariz grande con verrugas. 2. Tus padres nunca sabrán de los peligros que corres mientras te escapas del castillo, aunque tengan el poder para encontrarte, no les importará si te sales de la casa. 3. Nunca sabrás por qué le desagradas tanto a las mujeres viejas y feas (brujas). 4. Deberás entregarte al primer hombre que pase por ahí  y se le ocurra besarte sin conocerte y agradecer el honor de haberte elegido (Este hombre puede ser cualquiera).

No, no me gusta nada.

Cuando era niña, había un cuento mi mamá me contaba, no sé sí era un invento suyo o lo leyó por ahí. En este, la princesa tenía novio, un príncipe de un reino lejano. Los padres de ambos se oponían al noviazgo, el príncipe abandona su castillo y busca a su princesa para huir lejos de los dos reinos. Escapan, pero apenas lo lograron, porque fueron perseguidos por la caballería de los reinos, lo que los mantenía a salvo era, que durante  el camino (para variar la princesa estaba “encantada” ), iban utilizando los hechizos de los que fueron víctimas para protegerse de quienes los perseguían.  Y cuando por fin logran escapar, forman un nuevo reino y una nueva familia.
En buen tiempo no se supo de ellos hasta que el padre de ella, los encontró, pero hora, solo quería reconciliarse y conocer a su familia. Y colorín, colorado…

Qué bien ¿no? ¿por qué  exiliarlos por «mal comportamiento” si lo único que hicieron fue algo tan básico como el emparejarse con alguien?  y ¿por qué era tan importante la palabra, único? Un príncipe. Una princesa

Ah! ¡la brujez! ojalá entre más tiempo pase más personas desexualicen los roles de macho-hembra y lleguemos a ser solo “personas” donde la elección de vida, la toma de decisiones lleguen a una autonomía de bruja, quitando para la buena convivencia, la intención de lastimar a alguien, y que en la vejez, se pueda ver gratificación, admiración y respeto, la vida como un logro, llena de dignidad y buenos ratos acumulados.

Habrá que guardar el placer de vivir en una maleta de viaje hacía la vejez, e incluir muchos cambios, por si alguno se gasta en el transcurso.

Cecilia del Toro

4to. DE PRIMARIA

Y ahora están calladitos, concentrados y un poco estresados creo yo, aunque dudo que sepan la definición de esta palabra. Se les ve estresaditos, así en miniatura, viviendo su estresito. Yo los observo desde la silla que me pusieron al frente para ser un “padre observador” durante las pruebas de ENLACE de la SEP, me invitaron y la encomienda es no hablar, no opinar, no ayudar, solo observar para que las pruebas sean lo más leales posible.

Cuando los profesores se presentaron hicieron el silencio y pusieron la atención ensayada. Se conocen desde hace casi un año, son de cuarto de primaria y tienen tal vez, 9 años, todos trabajan en absoluto silencio esperando a cada vez que el profesor grita ¡faltan 10 minutos!, y más tarde, ¡faltan 5 minutos!. Y con el conteo, se les va transformando la carita, apurados y callados.

Están en sintonía con la inocencia visible, la pureza, y en ocasiones, la maldad pequeña, apenas insinuada, sus miradillas parecen decir: sí copio, ¿se dará cuenta? Alza sus ojos hacia mí con su boca apretada, lo miro y su mirada huye, pretendiendo que al bajar la cabeza también dejaré de mirarlo, le sonrío y me ignora, tiene cosas más importantes en que pensar.

Van respondiendo sección por sección con el tiempo programado, algunos terminan a los diez minutos de iniciada la prueba, otros, muy pocos hay que decir, a la mitad del tiempo límite. Fue fácil, murmuran algunos. Y así, van resolviendo las páginas. La mayoría se agita cuando les anuncian que viene la sección de matemáticas. ¿Por qué las matemáticas los exasperan? ¿Alguien les compartió el miedo a? Algunos repiten en voz alta y con desánimo, !¿matemáticaasss?!

Finalizada la siguiente sección viene el recreo y lo saben, la tripa del hambre se mueve y anuncia a tiempo como reloj que es hora del snack, los niños A, B,C, D y E, miran el reloj cada vez que pueden, se giran de sus butacas para ir juntos al paso del segundero y cuánto más se acercan los minutos a la media hora, parece que la sensación que los invade les va quitando calma y dominio y se intentan contener unos a otros, diciéndose, ¡shit! O cuchicheando, ¡ya casi! Tienen hambre, están cansados, la concentración los ha dejando vencidos y necesitan salir a comer, no paran de preguntar a pesar de que lo ven: maestra, ¿qué horas son? Cómo sí pudieran cambiar el tiempo con la pregunta, con la ilusión de algún error en el reloj que están viendo.

Hermosos, limpios, y listos para ser convertidos. ¡Silencio! dice la maestra y ellos se callan. De pie, ordena la maestra y se paran. Vamos a salir en orden, apenas dice esto, empiezan a salirse con el orden de su propia perspectiva, donde todos piensan, yo primero. ¡Y lo logran! De alguna forma no intempestiva pero muy ruidosa, todos están afuera.

En el patio de recreo, toman un lugar como si lo hubieran reservado, nadie cambia ni toma el lugar de otro, cada congregación es de 2, 3 o hasta 10 personitas y luego cómo orquestados, abren loncheras, recipientes, jugos, yogurt. No se preguntan sí pueden tomar de lo del otro, a algunos les molesta, pero parecen olvidar fácilmente. Comen en todas las formas: mientras corren, mientras están sentados en las bancas, algunos de rodillas mientras juegan, otros mientras van a algún lugar donde lo observen todo, otros  mientras hablan o gritan, otros tantos, mientras están recostados sobre alguien más. Los que más llaman mi atención son los que comen de forma intermitente: dejan su lonche en un lugar, desaparecen jugando por un momento y vuelven por otro bocado y así hasta que terminan.

Todos en su momento de gloria, la frescura de las aguas, los jugos, las bebidas, etc. Sus caras también fueron un espectáculo al abrir la lonchera, a algunos la sorpresa los pone contentos, otros miran con desánimo y otros simplemente con indiferencia. Después viene la negociación o el intercambio  involuntario de sus alimentos. Todos lo viven como si lo hicieran todos los días.

Usan muy pocas palabras, solo las necesarias. Uno a lo lejos oye todo y no oye nada. Conversan a gritos sin que nadie se sienta agredido, construyen fuertes de tierra y luego sacan de sus bolsillos los juguetes que entraron de contrabando escondidos en la chamarra o en la bolsa del pantalón, los juguetes pequeños, cómplices, esperan pacientes e inmóviles a que la mano gigante entre a rescatarlo del bolsillo para empezar la aventura del día, el juguete renace y es nombrado cada día aventurero, a veces víctima, a veces victimario, héroe o villano, a veces solo testigo de los demás. El momento del juguete es crucial, puede ser intercambiado por otro, puede ser olvidado bajo los arbustos y nunca más encontrado o quedarse a vivir en la copa del árbol, ahí callado y discreto para que el propietario crea que se fue a a cumplir su mandato: al infinito y más allá…

¿Conoces los Ninjago? Me pregunta un niño mientras se acerca. Si, miento para seguir la conversación. ¿Sabes quién es Kai? Pregunta gustoso. No. Respondo tajante porque me doy cuenta de que no sé a donde va la plática. ¡Ah, entonces no te gustan tanto. Dice decepcionado y se va sin decir más.

Momento después se acerca otro niño y se para muy cerca. Lo miro, me sonríe, sonrío y me pregunta, ¿Por quién vas a votar para presidente de México? Mm… finjoque dudo y le contestó, por López Obrador… ¡Que bien! Yo también quiero que gane Obrador y para Jalisco le voy a Alfaro, ¿tú no? ¡Pero tu no puedes votar todavía! Le contesto. Ya sé, pero mira, tengo muchas pulseras de Alfaro. Dice y me muestra 3 en una mano y 1 en otra. Más niños se agregan a la plática para aclararnos que Alfaro no va a ganar, que Aristóteles va en primero en las encuestas. Además, dice el niño F, López obrador también está en segundo, Peña no gana, pero Cuadri ¡quién sabe!.

A mi me choca Cuadri con su pelillo, interrumpe la niña G, mis papás van a votar por el AMLO y ¿los tuyos? le preguntan a la niña H, y les contesta:  pues no me dicen, porque el voto es algo personal. Pues a mí, si me dicen, replica niña G. ¿Usted por quién va a votar?, ¿Vio lo que dijo el de Tlaquepaque?

Me sorprende que sepan quién va por cada municipio y cuáles son las posibilidades de cada uno. Luego hablan de Carlos Salinas y su relación Carlos Slim, del viejo PRI y lo que esto significa. Me dejan muda. En cuanto un juego llama su atención se retiran sin decir adiós.

Las señoras en miniatura debaten intensamente sobre la apariencia de las trencitas que hacen en la playa, usan palabras insignificantes con significados poderosos, lo suficientemente poderosos como para dejar sin palabras a las oyentes. Las trenzas, dice la sabionda, solo se ven bien cuando no te hacen trenzas y te dejan el pelo suelto y nomás te hacen una o dos o máximo, tres trenzas, pero debajo del pelo donde no se vea, o sea que se vea poquito y que le pongan una flor. Las oyentes se impresionan. Bueno, dice la sabionda otra vez, pero no dudando sino poniéndole humildad a su opinión, a mí me gusta más así. Todas sus oyentes lo entienden. Yo no. Estoy mal.

Y así, los cuentos transcurren sin finales, el patio de juego es una invasión en 2 colores; rojo y azul y hasta arriba las cabecitas rubias, castañas, rojizas y negras, todas moviéndose caóticamente sin chocar entre si. Más abajo, en el piso los desechos: pedazos de jamón, chorros de mayonesa, de cátsup, pedazos de pan, lechugas, papeles, bolsas, envases de jugo, etc. Los niños generan tanta basura como alegría. ¡Y el bote de basura está tan lejos! ¡Tres metros!, tres metros son el intercambio de muchos muchos gritos, de muchos segundos de juego, por eso más fácil dejar los residuos de la comida ahí cerquita a un ladito de la rodilla.

De pronto, suena la campana y cuando vuelvo la vista ¡pum! Ya no están, se fueron en sus salones, refrescados y llenos de vida.

Ante tales visiones ¿quién no se vencería? ¿Quién puede no verse disminuido ante la grandeza que viene en tamaño pequeño? Dejé mi ego tirado en el patio de recreo, junto con esa actitud de adulto de “yo puedo enseñarles todo” y tiré también mis prejuicios, para verlos desde lejos, me dispuse a dejarme llevar por los seres en miniatura y el encanto de sus palabras, y me pregunté ¿Quién fui a los 9? ¿Qué me gustaba tener o hacer? ¿Quién se acuerda? ¿Qué te hubiera gustado sentir? ¿Lo recuerdas? ¡qué fortuna!  porque entonces, puedes ofrecerlo a tus hijos.

Yo, observador invisible los veo, maravillada, asombrada y en una vez preocupada por el caos que tienen al moverse que no logré descifrar, lo miro todo, todo lo que hemos creado los adultos: ahí, ante mi, un reflejo exagerado sin inhibiciones de nosotros mismos, la pura interacción sin censura de sus emociones, todos nosotros: el mundo adulto, en miniatura…

Cecilia del Toro