¡Y que me digan Bruja!

Autonombrarme bruja no es una ofensa, al contrario, me divierte y en cierta forma hasta me gusta. La bruja  piensa, decreta, se rebela, es egoísta, reconoce lo que está mal. Es más bien, una mujer autosuficiente. Lo único malo es, que a pesar de tenerlo todo, insiste en eliminar a la joven y bella princesaSigue leyendo «¡Y que me digan Bruja!»