Tengo ganas de escribir. A veces también me comunico de esta forma y mientras lo hago, gesticulo y alzo o bajo la voz aquí dentro de mi. Quiero escribir para lo que sea, quizás solo para compartir cosas, no más ni menos importantes que las que hay en la comunidad del cara-libro. Ja, ja, ja, me pareció graciosa esta forma de nombrarlo, ¿Quién lo dijo? ¡ ah! alguien de la familia en una conversación de hace días, de esas que a veces tenemos y que parece que son de resistencia.
¡Ah, la familia! la familia es siempre la familia, ese universo donde hay de todo, ¡de todo! Así cómo dice Miguel bosé en una canción, ni todos son espinas, ni todos son rosas. ¡Y cómo hablamos! desde pláticas que requieren de argumentos, hasta las cosas más banales, incluyendo los chistes de Ninel Conde ahora tan populares. Reír, llorar, crecer, atestiguar, refutar, complementar y todas las posibilidades, son parte de la decoración de la casa en donde nos reunimos. Ahí al rededor de la mesa, resolvemos el mundo, a veces los cambiamos por uno nuevo, y otras, la nostalgia nos llega de visita y se queda a compartir el chocolate caliente mientras responde nuestra entrevista. Nos da respuestas que nos sacan la risa a carcajadas, de esas que hasta te duele la panza. Luego, se aparece el Sr. Presente y abre su maletín de anécdotas, planes, ideas y nos pide se repartan por toda la sala, sin turnos ni orden de importancia, así sin más.
Las reflexiones son amigas y enemigas dependiendo del atuendo, y es que somos tan intensos y tan parlantes que la comida se vuelve cena y la cena desvelada, y como dice mi mamá: ustedes no tienen traza.
¡Ah! además, es genético o contagioso, porque los relativos también lo hacen. Se apoyan sobre las patas de la mesa de la historia familiar y construyen cosas arriba y abajo, la mejoran, la decoran y cuando se sirve el plato del día, se comen todo, también las guarniciones de recuerdos y hasta las repiten.
Parece que en las reuniones no se invita al futuro lejano, no lo hemos comentado pero quizás es un conocido aparte, ¿será que nos cae del todo bien?, quizás lo ignoramos un poco. Es cómo si todo estuviera para terminarse en un hoy, así que, hay que hablar todos y de todo hasta quedar satisfechos (no vaya a ser que mañana no nos veamos, aunque ya estemos programando la siguiente reunión), ¡cualquier cosa puede pasar! Y aunque no todos pueden ir a la reunión, no hay problema, se enterarán de lo ocurrido. Llamarán por teléfono o los llamaremos. O revisarán el WhatsApp o el grupo de Facebook y todas las conversiones, se repetirán desde cero.
¡Ay, pinche familia!, ¿por qué no vivimos todos en la misma cuidad?
Cecilia del Toro
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